Es excesivamente verborrágico. No se calla nunca, ni aún cuando se lo pide el mismísimo Rey de España. Además, tiene demasiados tics, parece un actor que siempre estuviera sobreactuando.
Aunque tal vez no sea su intención, cada una de las palabras que sale de su boca es cómica. Pero lo suyo es humor sutil. Dice enormes verdades, pero de una manera tal hosca que uno espera que en cualquier momento largue la carcajada y diga: "Era una broma".
Pero no. Hugo Chávez, dice justo aquello que a nosotros nos gustaría decir pero que callamos para no pasar por idiotas, paranoicos o, valgame Dios, personajes de una película de Woody Allen.
En serio, basta. Dejensé de joder. A Chávez le escribe los libretos Woody Allen. ¡No me cachen!

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Agua de muerto
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