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8 de octubre de 2019

Juan Jose Flores

Ricardo Güiraldes y sus dos años en Quequén

Ricardo Guiraldes vivio en Quequén
Este martes 8 de octubre se cumplieron 92 años del fallecimiento de Ricardo Güiraldes, autor de “Don Segundo Sombra”.
Güiraldes falleció en 1927, cuando sólo tenía 41 años.
Si bien en la actualidad no muchos recuerdan su obra, “Don Segundo Sombra” es un libro emblemático de la literatura gauchesca.
Fundador de la revista Proa junto a Jorge Luis Borges y otros escritores, Güiraldes integró el grupo literario Florida.
Nacido en una familia aristocrática, pasó sus primeros años de vida en Europa, por lo que desde la más tierna infancia ya hablaba francés y alemán.
Había nacido en 1886 y tenía poco más de 10 años cuando sus problemas asmáticos hicieron que su familia lo enviara a vivir con su tío Antonio, en Quequén.
Así es como el pequeño Güiraldes, aún niño, vivió dos años en Quequén, en la época en que la pequeña localidad loberense era un balneario aristocrático, poblada de casonas de estilo ecléctico.
De aquellos “castillos” de Quequén muy pocos quedan en pie, mientras que del paso de Güiraldes sólo queda ese pequeño dato anecdótico.
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7 de marzo de 2019

Juan Jose Flores

Un observatorio astronómico en Necochea

astronomia necochea
¿Sabías que a fines de los 70 existió un proyecto para  instalar un observatorio astronómico en el Parque Miguel Lillo de Necochea?
En aquella época Necochea era uno de los principales destinos turísticos del país y se trabajaba a conciencia para atraer cada vez más visitantes.
El proyecto del observatorio astronómico era impulsado por el propio municipio, al frente del que se encontraba el intendente Alberto Percario, y estaba enmarcado en el plan integral del Frente Costero.

Un planetario en Necochea

El 20 de noviembre de 1978 concurría a la Dirección de Planeamiento y Desarrollo municipal, el ingeniero Antonio Cheli, gerente de la firma APAC, con el objeto de tomar conocimiento sobre el terreno respecto a la factibilidad de instalación de un planetario en la ciudad de Necochea.
El profesional había concurrido a nuestra ciudad a solicitud de la Secretaría de Planificación del Desarrollo bonaerense (Seplade).
Ese organismo era el que debería proponer a la provincia, en el caso de ser viable, la ejecución de esa importante obra.
La firma APAC representaba en nuestro país a la compañía alemana Carl Zeiss-Jena, empresa que producía los elementos ópticos necesarios para la instalación de este tipo de instrumentos.

Millonaria inversión en Necochea 

Sin embargo, pasó el tiempo y el planetario no se construyó durante la gestión de Percario, por lo que el proyecto fue analizado a fines de julio de 1984 por el Concejo Deliberante.
El HCD descalificó el proyecto y lo archivo. En agosto de ese año el concejal Alejandro Di Croce explicó que “el expediente se inició en octubre de 1978 y fue dirigido al secretario de Planeamiento y Desarrollo de la Provincia”.
Según Di Croce, el ex intendente justificaba el proyecto en que “la materialización de la obra contribuirá a afianzar la imagen de pujanza y dinamismo que el superior gobierno de la Provincia ha impreso al proceso actual, acompañando esta administración la responsabilidad de sustentar ese prestigio”.
“De modo que el Planetario era un complemento de la brillante obra que desarrollaba el gobierno provincial y estaba enmarcado también con lo que se llamó Frente Marítimo”, explicaba Di Croce.
Y añadía que “este expediente recorrió una serie de oficinas y la obra estaba presupuestada en septiembre de 1979 en 4.500.000 dólares”.
“Se trata de una obra fastuosa que estaba al margen de la posibilidad de Necochea”, argumentaba.
Días después, Percario le respondía a Di Croce y manifestaba que “el proyecto, y lo manifiesto así porque no pasó de eso, que promovía la instalación de un planetario en el Parque Miguel Lillo”, estaba fundamentado en “el espíritu que animaba a los funcionarios de la Secretaría de Planeamiento de la Provincia”.
Señalaba sin embargo, que el valor de la obra proyectada no era de 4.500.000 dólares, sino de 800.000.
La discusión ingresaba entonces en el ámbito político, con acusaciones cruzadas en las que se cuestionaba la aptitud de unos y otros y también las ideologías, a partir de la fuerte antinomia de un gobierno y otro.

Astronomía en Necochea

A pesar del rechazo de la ciudadanía al gobierno de facto y a proyectos surgidos en esa época y lo inviable de la realización de una obra de esa magnitud en el Parque Miguel Lillo, hoy cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si el planetario se construía.
Sería Necochea una de las pocas ciudades de la Argentina que cuentan con un observatorio astronómico. En la región sólo el balneario de Monte Hermoso cuenta con uno, que fue fundado en 1998 por impulso de un grupo de aficionados.
En el país únicamente la Ciudad de Buenos Aires cuenta con varios observatorios: el Planetario Galileo Galilei, el de la Asociación Amigos de la Astronomía, el del Colegio San José y el del Instituto Superior “Dr. Joaquín V. González”.
En el Parque Pereyra Iraola, en el partido de Berazategui, se encuentra el Instituto Argentino de Radioastronomía y cerca de allí el Observatorio Astronómico de La Plata, cuya construcción fue ordenada por el gobernador Dardo Rocha en 1881, el mismo año de la fundación de Necochea, aunque la edificación comenzó en 1883.
En la provincia de Buenos Aires también se encuentra uno de los observatorios más nuevos, el Astrodomi, que fue inaugurado en 2008 en Talar, Partido de Tigre. Está dedicado a la búsqueda de supernovas, el seguimiento de asteroides y la astrofotografía.
Otro observatorio en el territorio provincial es el Municipal de Mercedes.
En tanto, la provincia de San Juan cuenta con el Complejo Astronómico “El Leoncito” y el Observatorio Astronómico “Félix Aguilar”. Córdoba, Tucumán, Río Grande y Mendoza, también cuentan con observatorios.
Sin dudas, la construcción de un observatorio en el Parque Miguel Lillo hubiera sido una obra que habría distinguido a la ciudad, pero como tantas otras ideas que pudieron impulsar el crecimiento de Necochea, sólo quedó en los papeles, como una promesa que nunca se cumplió.

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13 de junio de 2017

Juan Jose Flores

Manuel Guerrico, el 'dueño' de Quequén

Manuel José de Guerrico
(Fuente: Archivo Histórico Biográfico Quequenense).- Un artículo publicado hace varios años en el blog Archivo Histórico Biográfico Quequenense recupera algunos textos escritos por Guillermo Madero sobre un personaje emblemático para la historia de Quequén: Manuel José de Guerrico, propietario de las tierras donde hoy se encuentra la ciudad.
"Manuel José de Guerrico para algunos fue un héroe, para otros uno de los culpables de nuestro pobre presente, teniendo en cuenta que esta ciudad tenía todo para poder ser una de las más importantes de la zona", señala la nota.



Luego reproduce textos del libro “Capítulos de Historia”, de Madero, para realizar una semblanza del terrateniente que en algún momento apoyó económicamente a Rosas. "El primer propietario y poblador de estos campos donde está el puerto de Quequén fue don Manuel José de Guerrico, quien compro al Estado, según títulos de fecha 6 de septiembre de 1836, un “terreno” de 8 ½ leguas de extensión, situada sobre la costa del mar entre el arroyo El M oro y el rió Quequén", escribió Madero.
"Después en diciembre de mismo año, Rosas, entonces gobernador de Buenos Aires, le dona 3 leguas mas de campo las cuales totaliza Guerrico 11 ½ leguas de extensión global. Esas tres leguas cedidas por Rosas a Guerrico fueron en pago de los aportes que Guerrico había efectuado con anterioridad para equipar al ejercito con que Rosas efectuara su campaña del desierto en 1832 y formaban parte de las 60 leguas que por ley le fueron donadas a Rosas por su obsecuente cámara de representantes", añade.
"Fue Guerrico un hombre progresista y muy vinculado con las personalidades destacadas de su época", define Madero, quien también revela el interés del terrateniente porque se construyerá una ciudad en la desembocadura del Quequén, en sus tierras.
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Leer artículo completo en: http://archivoquequen.blogspot.com.ar/2010/10/capitulos-de-historia-guillermo-madero.html
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13 de mayo de 2017

Juan Jose Flores

El Papa, un atentato homicida, Fátima y una ficción

Juan Fernandez Krohn Fatima
El diario español El País recordaba ayer al sacerdote que intentó asesinar a Juan Pablo II durante su visita a Fátima. La conmemoración se produce cuando el papa Francisco participa de las celebraciones de la Iglesia Católica por el aniversario de la aparición de la Virgen en Portugal.
Lo curioso del artículo de El País es que permite llegar hasta el blog del sacerdote Juan Fernández Krohn, quien hace 35 años atacó a Juan Pablo II con una bayoneta sin llegar a herirlo.
En su sitio web, Fernández Krohn agradece hoy a El País por la nota y se queja de como ha sido tratado su caso en la prensa. Incluso enlaza un libro escrito por la novelista argentina María Harfuch Gómez en la que se lo utiliza como personaje con nombre y apellido y en el que él aparece asesinado de decenas de puñaladas.

Leer el artículo de: El País | Blog de Juan Fernández Krohn
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6 de marzo de 2016

Juan Jose Flores

Larraburu, un terrateniente que acuñó sus propios billetes

Patagua
En el año 2000, el hoy fallecido historiador y escritor pampeano Jorge Etchenique presentó una ponencia en las Primeras Jornadas de Historia del Delito en la Patagonia, que se realizaron en la ciudad de General Roca.
En ese trabajo de 17 páginas titulado “Delito, medio social e institucional en el oeste pampeano”, Etchenique hacía referencia a algunos conocidos bandoleros del siglo pasado en La Pampa. Lo llamativo de aquella investigación es que uno de los personajes centrales es alguien muy vinculado a Necochea: el estanciero Juan Bautista Larraburu.
Etchenique señala que la ambición de extender sus propiedades llevó a Larraburu a “combinar acciones legales e ilegales en distintas dosis. Claro, la misma práctica los llevó no sólo a embaucar al Estado sino a comerciantes, otros hacendados y a utilizar la violencia contra ganaderos vecinos o puesteros molestos”.



Precisa que en la década de 1880 se afincó en nuestra región, donde se alió a “Victor Tiret, Pedro y Juan Capdebocqs, Luis y Juan B. Gombault y otros en quienes advirtió un similar grado de impaciencia por abandonar la medianía de la pirámide social”.
En su afán de hacer fortuna rápida, Larraburu y sus socios fueron “delineando una cadena de casas de comercios en sitios claves. Estos “boliches” estaban instalados en campos propios o bien arrendados que a su vez subarrendaban haciendo grandes diferencias. En estos campos colocaban hacienda, de tal manera que el 70 % de la producción – por ejemplo lanares - quedaba para la sociedad y el 30 % restante lo pagaban con billetes Larraburu, de validez exclusiva en los almacenes propios”, señala Etchenique en su investigación.

Los billetes
Larraburu confeccionó tres emisiones privadas de vales o billetes, una a nombre propio y las otras dos en los de "J. Bautista Gombault y Cía." y "Capdeboscq, Gombault y Cía."
Todos tienen los mismos diseños; su retrato de tres cuartos perfil derecho, un dios Mercurio con caduceo, símbolo del comercio y una vista de su almacén de ramos generales "El Pito". El frente fue impreso con tinta negra sobre un fondo de seguridad de color; el dorso del color base del frente aunque con tono más subido.
Observamos allí un gaucho al galope con boleadoras y acompañado de un perro que ocupa el centro del diseño; arriba una cabeza de caballo y a izquierda y derecha un vacuno y un lanar. Figuran también, dentro de circulitos, las marcas para ganado de "El Pito", "La Otomana", "El Aduar", "El Odre", "Eder y Cía." y "La Hebrea".
Los billetes están limitados por un marco de seguridad cuyas cuatro esquinas rematan en ornamentos; su valor se expresa en pesos moneda nacional. Fueron impresos en La Plata en los talleres de Sesé y Larrañaga de la calle 47 esquina 9, pie de imprenta que se repite en el frente y dorso. Los ejemplares a nombre de J. Bautista Gombault y Cía y de Capdeboscq, Gombault y Cía llevan la inscripción "Pampa Central" y la fecha "1º de octubre de 1899".
Uno solo, de 10 pesos, está firmado, el resto de los que se conocen actualmente no llevan firma alguna, pero sí numeración. Los impresos a nombre de Larraburu no muestran lugar de emisión, pero debieron utilizarse seguramente en sus estancias de la provincia de Buenos Aires. Aunque no tiene fecha, ella es la misma de los anteriores.

El final
Las acciones de Larraburu no pasaron desapercibidas ni para la Justicia ni para la prensa de la época. El poderoso terrateniente y su hijo no pudieron desvincularse de la muerte de un contador que supuestamente los había traicionado. “Millonarios, ladrones y asesinos” tituló La Razón un artículo en el que se describe el caso del contador.
En octubre de 1918 el diario La Epoca publicó una nota que precisaba que por “la muerte de Maresca, se investiga a un hacendado conocido que en dos ocasiones anteriores estuvo sometido a la justicia de instrucción en dos procesos sensacionales : bajo la inculpación de substracción de expediente en la provincia de Buenos Aires en el año 1901 el primero y de falsificación de sellos y defraudación al fisco el segundo últimamente”.
La Nación, La Prensa y el periódico Bahía Blanca también mencionaron el caso. “Años después, la pérdida de un juicio a que fue sometido por la malversación de unos campos que administraba en Energía, zona cercana a Necochea, determinó la decisión de huir a Chile, donde vivió una vida de lujos, de inviernos en Tacna y de amistad con los círculos presidenciales”, precisó Etchenique en su investigación.
El sábado 8 de diciembre de 1944 un remate de tierras en la Capital Federal, ponía fin al pequeño feudo de un hombre cuya historia hoy se ve desvirtuada por el paso del tiempo. La firma Giménez y Zapiola remataba ese día 5.555 hectáreas divididas en 4 fracciones de las propiedades que la familia de Juan Bautista Larraburu poseía en esta región.
Los campos rematados comprendían 3.911 hectáreas del casco de la estancia La Otomana, 845 de Santa Clara y 634 de La Clemencia, además de un lote de 153 hectáreas ubicado frente al Camino Viejo de Necochea.
Estos datos aparecen en un aviso publicitario publicado en Ecos Diarios el 9 de diciembre de 1944.

Artículo publicado en el suplemento dominical de Ecos Diarios
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28 de septiembre de 2015

Juan Jose Flores

Libro sobre la medallística de Necochea

Mario Carrozzi es conocido en nuestra ciudad por sus conocimientos sobre la Segunda Guerra Mundial y por haber escrito un libro sobre el tema. Sin embargo, otras aficiones de Mario son la numismática y la medallística.
Hace tres décadas se interesó por las medallas acuñadas en nuestra ciudad y comenzó a coleccionarlas. Del producto de esa colección y de la investigación y el seguimiento de las piezas, surgió “Necochea en la medalla”, el primer libro sobre la medallística local.
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Juan Jose Flores

Hugo del Carril en Necochea

Hugo del Carril en Necochea
En los primeros día de 1981, la ciudad, próxima a cumplir 100 años, bullía de actividad. Apenas transcurridos unos minutos del año nuevo, llegó el “primer turista del Centenario”, que fue sorprendido en la entrada de la localidad y recibió un regalos y un reconocimiento.
El año comenzó también con una intensa actividad artística y quedó en la historia local como uno de los veranos con mayor presencia de músico, actores y humoristas de los que se tenga memoria.
Entre los espectáculos que inauguraron la temporada, se encontraba “Buenas Noches Necochea”, que podía en cartel a Hugo del Carril, Amelita Vargas y Agustín Magaldi hijo.



Los necochenses se podían cruzar también en la calle a José María Vilches, Enrique Liporace, Betiana Blum, Diana Maggi, Chela Ruiz, Malvina Pastorino, Juan José Camero y Eduardo Rudy.
El caso de Hugo del Carril era muy particular. El cantante regresaba de Colombia, donde había participado con gran éxito de un homenaje a Carlos Gardel. Sin embargo, según el mismo explicaba en una entrevista con Ecos Diarios, en la Argentina se le prohibía trabajar.
Su enorme talento como cantante, actor y director de cine no lo salvó de ser prohibido y perseguido por su ideología política. Por eso, en aquella entrevista publicada en Hola Verano el 9 de enero de 1981, Del Carril afirmaba que quería radicarse en Colombia porque estaba cansado de las persecuciones.
Horas antes el artista había tenido que suspender una de sus presentaciones. “Solamente sentí una descompostura de estómago que se fue acentuando y finalmente no me permitió actuar”, dijo para tranquilizar a su público.
Del Carril se presentaba en un local de la avenida 79 y la calle 6, nada menos que junto a Amelita Vargas, la Reina del Mambo.
“Yo soy nativo de uno de los barrios más lindos de Buenos Aires el barrio de Flores y ahí fue donde comencé las primeras correrías tangueras, en serenadas, en reuniones de amigos, en algún bodegón para entretener a la gente”, comentaba en una larga entrevista.
Nacido en 1912 como Piero Bruno Hugo Fontana, pero pronto se hizo conocido como Hugo del Carril. En 1937 fue contratado para interpretar el tango Tiempos viejos en la película “Los muchachos de antes no usaban gomina”.
En aquellos años también participó en las películas Madreselva, La vida es un tango, Gente bien, El astro del tango y La vida de Carlos Gardel.
En 1945, junto a Libertad Lamarque actuó en La cabalgata del circo, en la que aparecía Eva Duarte.
A fines de la década del cuarenta, tras vivir unos años en México, regresó al país y filmó Pobre mi madre querida e Historia del 900.
Si bien Del Carril era radical, apoyó fervientemente al peronismo. Dijo alguna vez: “Los sueños de mi padre y de mi abuelo, los cristalizó Perón. Entonces: ¿cómo puedo dejar de ser peronista?”.
Fue por eso que grabó Los muchachos peronistas, que pronto se convirtió en la marcha del movimiento y marcó definitivamente su futuro artístico: “La grabé por convicción y por pedido expreso del general Perón, aún sabiendo que sería más recordado por la marcha que por los tangos que he grabado”, afirmó después.

El perseguido
“La vida del profesional es bastante amarga”, señaló Hugo del Carril aquel verano de 1981 en Necochea. Culpaba de sus amarguras a esas “voluntades absurdas” que le impedían trabajar en el país. “Ya estoy demasiado hastiado de todo. Es demasiada persecución, son 25 años de persecución”, afirmaba.
“Cuando no es un gobierno, es el otro y como todos los gobiernos se han aburrido de mi, a mi vez yo me aburro de los gobierno”, dijo Del Carril, que pese a todo afirmaba: “De todas maneras soy peronista”.
Pero los problemas políticos de Del Carril no habían empezado con los gobiernos militares, sino dentro del mismo gobierno peronista, cuando el subsecretario de Difusión y Prensa Raúl Alejandro Apold prohibió su película El río oscuro, basada en la novela del militante comunista Alfredo Varela.
Del Carril se había ganado la enemistad de Apold tras negarse a cantar en un acto. Luego Apold lo acusó de cantar en Uruguay el día de la muerte de Eva Perón y como consecuencia de ello Artistas Argentinos Asociados le rescindió el contrato.
La Revolución Libertadora que derrocó a Perón y llevó a Del Carril a la Penitenciaría Nacional. Sus películas se prohibieron. Un año más tarde fue detenido una vez más.
En 1975 filmó su última película, Yo maté a Facundo y luego, con la llegada de la dictadura militar, volvió a ser prohibido.
“Yo ya no les voy a dar mucho trabajo a los gobiernos, pero los gobiernos tampoco me va a dar muchos dolores de cabeza a mí. Mi propósito es irme del país y no se si para siempre. Y como ‘al enemigo que huye, puente de plata’, espero no tener obstáculos para cumplir ese objetivo”, explicaba Del Carril en aquel enero de 1981.
El cantante y actor quería radicarse en Colombia. “Lo vivido hace poco tiempo allí en un homenaje a Carlos Gardel, me revitalizó bastante, porque me hizo sentir otra vez en mi medio, sin oposiciones de ninguna naturaleza, tuve un buen recibimiento y me encontré con un ambiente mucho más favorable para el tango que aquí. Lo que no es raro porque desde hace muchos años la gente allí es muy afecta al tango”, señalaba.
Pero tal vez aquel verano de 1981 fue uno de sus últimos años de gran actividad. En 1985 recibió el Premio Konex y en 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.
En 1988 sufrió un infarto de miocardio y luego de recuperarse le realizaron un homenaje el Luna Park. Falleció el 13 de agosto de 1989.

Artículo publicado en el Suple Finde de Ecos Diarios
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20 de julio de 2015

Juan Jose Flores

El Puente Colgante, 46 años de gestión

Puente Colgante de Necochea
Mientras el martes se celebrará el 86º aniversario de la inauguración del Puente Colgante, el próximo 6 de agosto se conmemorarán los 90 años del inicio de la construcción.
El inicio de la obra durante el gobierno del gobernador José Luis Cantilo fue todo un suceso para Necochea, ya que el puente era anhelado por los vecinos desde la época de la fundación de la ciudad.



Fue precisamente dos años después de la creación de la ciudad, en 1883, cuando se aprobó la ley 1.675, mediante la cual se asignaban fondos destinados a la construcción de un puente sobre el río Quequén Grande.
No obstante, el proyecto cayó en el olvido y no fue hasta 1909 cuando se aprobó una nueva ley, la 3.156, mediante la que se destinaron 150.000 pesos moneda nacional a darle nuevo impulso al proyecto.
Dos años más tarde, en 1911, se aprobó la ley 3.323 que disponía que se cubrieran con rentas generales los gastos que demandara la construcción.
Pese a ello, la obra tampoco prosperó y en 1916, mediante la ley 3.651, se autorizó al Poder Ejecutivo introducir las modificaciones y ampliaciones proyectadas en las obras del puente.
Mientras la burocracia demoraba el inicio de la construcción, en nuestra ciudad surgían problemas respecto a la futura obra, por lo que en 1922, a través de la ley 3.717, se autorizó al Poder Ejecutivo a someter a árbitros las diferencias.
Aunque el inicio de la obra continuaba demorándose, se seguían destinando fondos para la construcción. En 1923 (ley 3.783) se amplió la partida como parte de los fondos para reparaciones y construcciones de puentes y caminos por la suma de 500.000 $mn y en 1924 (ley 3.817) se otorgó 1.500.000 pesos.
Un año más tarde, el 6 de agosto de 1925, finalmente comenzó la obra que se extendió hasta el 21 de julio de 1929.
El puente fue finalizado durante el gobierno de Valentín Vergara al frente de la provincia y del comisionado local Joaquín Martínez Sosa.
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6 de julio de 2015

Juan Jose Flores

Necochea, la Perla del Sud y sus viejos hoteles

Históricos hoteles de Necochea
A fines de 1929 el Ferrocarril Sud publicó una guía de los “balnearios del sud” en la que se detallaban los servicios turísticos ofrecidos por Mar del Plata, Miramar, Necochea y Quequén.
La publicación definía a nuestra ciudad como “balneario de espléndidos paisajes con soberbia playa y pintorescos rincones”.
“Sorprende agradablemente al visitantes que llega por vez primera a Necochea, su aspecto de vitalidad comercial. Es, en todo, una espléndida ciudad balneario”, señala el elogioso artículo.
“Muchos de los aspectos que seducen a la vista, se deben principalmente a las plantaciones de árboles hechas hace muchos años con criterio previsor, digno de encomio”, agrega la nota, que también elogia la plaza Dardo Rocha, a la que considera “orgullo de la provincia”.



Describe aquella antigua guía una ciudad que ya no existe. Precisa que de la plaza partía la avenida Alsina (hoy 59), “guarnecida de frondosos árboles, doble hilera de eucaliptos gigantescos, cuyas ramas se unen en lo alto formando una bóveda caprichosa y singularmente pintoresca”.
“Idénticas al boulevard Alsina hay en Necochea, otras dos avenidas. Sus árboles, en línea quebrada, se pierden a lo lejos, más allá del radio de visión. Son ejemplares maravillosos de eucaliptos, que tienen, aproximadamente, medio siglo de existencia”, precisa el artículo escrito hace 86 años.
Por otra parte, describe a Necochea como una ciudad de edificación variada, “de opulentas expresiones y puros estilos. Abunda el chalet holandés, el ‘nordisko’, la mansión de tres pisos, severa de líneas y de imponente aspecto”.
Describe también una escenografía salvaje, hoy ya inexistente: “En el deslinde de Necochea y Quequén el viajero domina, desde el punto donde cruza la balsa el río Quequén, un paisaje que atrae, lleno de perspectiva y de color”.
“El terreno sube en pendientes, se hunde después en caprichosas barrancas, vuelve a elevarse, muerte en un llano, junto al río, de aguas claras… y en las colinas verdes, húmedas al amanecer, apaisadas en el crepúsculo, se ven blanquear las casitas humildes que se cierran en largo cinturón alrededor del Necochea elegante y aristocrático”.
Por lo demás, precisa la guía, “Necochea brinda una playa grandiosa y es una ciudad sin reservas, considerada como la ‘perla del Sur’, para usar la gráfica frase del prestigioso pedagogo y escritor Víctor Mercante, quien dedicó varios artículos publicados en el diario La Prensa”.
Mercader definía a Necochea como una “localidad de extraordinario porvenir y de abundantes bellezas”.

La vieja hotelería
Por otra parte, entre líneas, en aquella guía se pueden leer detalles que hoy son parte de la historia de la ciudad o que han quedado en el olvido, como una lista de hoteles con sus correspondientes propietarios y detalles de sus servicios. Las publicidades también aportan datos interesantes.
Según aquella antigua publicación, en la ciudad funcionaban trece hoteles.
Sobre la playa se encontraba el Hotel Necochea, propiedad de Luis Valicelli. En el balneario también funcionaba el Hotel París, que era de Fermín Roqués.
Además, el Hotel Playa, de Javier Chanois y el Royal, de Eduardo Grilli.
Frente a la rambla se encontraba el Hotel Atlántico, de Dionisio Baldizzone.
Una publicidad promocionaba a este último hotel como “confortable establecimiento recientemente construido, ideal para familias”.
El edificio se encontraba frente a cien metro de la playa, frente a la rambla. Contaba con 100 habitaciones y “amplios departamentos completamente independientes de dos habitaciones y cuarto de baño con instalación de agua caliente y fría”.
Además contaba con una orquesta permanente, salón de fiestas, bar, billares y otras distracciones.
En el centro de la ciudad se encontraba el Hotel Vasconia, de Fermín Galparsoro, ubicado en avenida Alsina y Sadi Carnot (hoy 59 y 66).
El Liverpool Hotel, de Fernández y Faydella, se encontraba ubicado fen avenida Alsina y 25 de mayo.
El Gran Hotel, de Ramón Galparsoro, se encontraba ubicado en Alsina y Gonzales Chaves, mientras que el Gran Hotel España, propiedad de Zubillaga y Zubigaray, se hallaba en Gonzales Chaves.
El Hotel Progreso, de Avend Averhopf, se encontraba en Belgrano y Moreno y La Aurora, de Eliseo López, frente a la Estación de Trenes.

Quequén
La guía también dedicaba un pequeño espacio a Quequén. Señalaba que “a pocas cuadras de Necochea se encuentra la hermosa playa de Quequén, de bellísimas perspectivas y preferida por las familias que anhelan sustraerse a todo fárrago social y ‘hacer vacaciones eminentemente reparadoras’”.
“Concurren a Quequén infinidad de criaturas que se solazan en una playa inmensa y sin peligro”, señalaba el artículo. “Está junto al Puerto Quequén, rodeada de chalets que se arrienda por temporada a precios sumamente económicos”.
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28 de junio de 2015

Juan Jose Flores

La Escuela de Enfermería Manuela Joglar

Escuela de Enfermería Manuela Joglar de Necochea
Se iniciaba el 14 de abril de 1975 en el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra”, el primer curso regular de la Escuela Municipal de Enfermería, creado por impulso del director del nosocomio, el doctor Héctor Roqués.
Un año después, el 24 de abril de 1976, en el Teatro Municipal se realizaba la ceremonia de graduación de las primeras 14 auxiliares de enfermería egresadas del nuevo establecimiento de capacitación sanitaria.
Este curso tenía como objetivo formar auxiliares de enfermería y años más tarde daría paso a la creación de la Escuela de Enfermería Profesional “Manuela Joglar”.



Las primeras egresadas como auxiliares de enfermería fueron: Olga Noemí Blanco, Norma Tapia de Cabrelli, María del Carmen Cepeda, Ana Alicia Correa, Irma Molvert de Del Hoyo, Odilia Elina Dietrichs, Elba Gratia de Eugenio, Graciela González, Luis Palma de Iriarte, Delia Martínez de Alvarez, María Cristina Peralta, Ana María Penzo de Rodríguez, María Severinsen de Sola, Elida Toledo y Julia Vázquez.

Un día para recordar
Según una publicación de la época, “el acto contó con la presencia de autoridades municipales, profesores, familiares de las graduadas y numeroso público, caracterizándose por su emotivo desarrollo”.
El director del curso, el doctor Roqués y la secretaria de Bienestar Social de la comuna, Rosa S. Sarries, hablaron durante la ceremonia.
Luego de que Karen Wall, enfermera jefe del curso tomó el juramento de práctica, se hizo entrega de distinciones a las alumnas más destacadas del curso.
El intendente Edgardo Hugo Yelpo entregó el premio “Hospital Municipal Dr. Emilio Ferreyra” para el más alto promedio general (9,65), a la señorita Julia Vázquez.
Francisco Ferrari puso en manos de Elida Toledo el premio Sindicato de Trabajadores Municipales, instituido para el segundo promedio general (9,62).
En tanto, el doctor Carlos Zubillaga, presidente del Círculo Médico, otorgó el premio donado por esa entidad a las más altas calificaciones en prácticas de enfermería, a la señora Ana María Penzo de Rodríguez (9,87) y Rosa Sarries entregó el premio para el promedio más alto en exámenes a la señorita Julia Vásquez (10).
Las egresadas entregaron presentes florales a Karen Wall y Cristina Otaño, en reconocimiento por su desempeño como enfermera jefe y secretaria del curso, respectivamente.
Luego, la señora Delia Alvarez de Martínez habló en nombre de sus compañeras de curso y finalmente se entregaron los diplomas a las flamantes auxiliares de enfermería.

Más egresadas
En abril de 1979, según un artículo publicado en Ecos Diarios, egresó un nuevo grupo de auxiliares de enfermería.
Asistieron a la ceremonia de promoción, el director de Salud, Alberto Touyás, la inspectora de la escuela de Técnicos de La Plata, María Esther Cebrián de Huergo; el director del Hospital Municipal, Enrique Roqués y la coordinadora del grupo de enfermeras, Karen Boesen Mortensen de Wall.
De ese curso egresaron Martha Berry, Silvia Brahe, Florinda Conforti, Analía Corbalán, Elvira Coria, Mónica Culós, Teresa N. Elizalde, María Etcheverry, Celia Etulain, María Gamarp, Susana García, Marta Garzzoni, Micaela Gesualdi, Nélida Gómez, Lydia González, María Macías, Elvecia Mazza, Norma Perpetto, Lilia Raúl, Miryam Reynoso, Claudia Rodríguez, Mirta Rodríguez, Genoveva Tortosa, Sara Torres y Susana Velazco.
Luego de la realización del juramento de práctica, denominado “Juramento de Florence Nightingale”, pronunciado por todas las integrantes del curso, se procedió a la entrega de premios y diplomas.
Elvecia María Mazza recibió el premio Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” por el mejor promedio general de 93,92 por ciento y el premio Círculo Médico de Necochea por el mejor promedio en actividades prácticas de 100 por ciento.
En tanto, Susana Avelina Velazco recibió el premio coordinadora del curso por el segundo promedio general de 91,72 por ciento y el premio Clínica Regional por el mejor promedio en teoría de 92,50 por ciento.

Manuela Joglar
Dos años después, el 3 de agosto de 1981, quedaba inaugurada la Escuela de Enfermería Profesional “Manuela Joglar”.
La institución surgió durante la gestión como director de Salud de la comuna del doctor Alberto Touyá. Dependía de la Escuela Superior de Sanidad del Ministerio de Salud provincial y mediante un convenio con el municipio.
Aunque se inauguró cuando se desempeñaba como director de Salud el doctor Oscar Giménez.
Este médico explicó en su momento que uno de los temas que preocupó a las autoridades fue el nombre que le sería impuesto a la escuela, ya que todas las de su tipo tenían el de una enfermera famosa por sus antecedentes y trayectoria.
Fue así que se recordó el trabajo de la señorita Manuela Joglar, quien desempeñó su tarea en el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” desde el año 1943 hasta su muerte, el 24 de diciembre de 1969.
Su trayectoria fue brillante por su laboriosidad y su grandeza de espíritu, además de su afecto por los indigentes.

Trayectoria
Desde 1981 en la Escuela de Enfermería se dictaron los cursos de auxiliares en enfermería y la carrera de enfermería profesional que permitieron a los establecimientos de salud de la zona contar con personal capacitado.
En 1990, luego de gestiones del doctor Julio Municoy, se empezó a dictar la carrera de enfermería profesional a nivel terciario, de dos años y medio de duración. La misma se dictó hasta 1995 y egresaron 27 enfermeros.
Tras permanecer un año cerrada, la escuela se reabrió en 1997 durante la administración de Municoy y la tutela del entonces director de Salud, Juan Alfonso Ruiz.

Artículo publicado en Ecos Diarios
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27 de junio de 2015

Juan Jose Flores

Misión Necochea, una idea insuperable

Misión Necochea
En la tarde del martes 15 de noviembre de 1977, desde el centro de la ciudad, partía la “Misión Necochea” para cumplir con una extensa gira promocional por catorce provincias argentinas. Esta iniciativa, impulsada por un grupo de empresarios locales, es aún recordada por su originalidad y el gran impacto que tuvo en el turismo local en los años siguientes.
El ómnibus que transportaba gran cantidad de material promocional, un equipo técnico de radio, varias promotoras, periodistas de medios locales e integrantes de la comisión impulsora de la misión, partió a las 17, desde la Gran Galería Central y se detuvo frente a Ecos Diarios, para luego dirigirse hacia la ciudad de Tres Arroyos.



En esa ciudad, Luis Nuñez y Vicente Mola, dos de los empresarios que idearon la misión, fueron recibidos por el director del diario La Voz del Pueblo, Antonio Maciel y por funcionarios municipales.
En esa ciudad se proyectó por primera vez el audiovisual sobre las virtudes turísticas de nuestra ciudad.

Primera misión
“La idea fue de Adolfo García”, explicó a Ecos Diarios el empresario Isidoro Galilea, que el jueves pasado cumplió 86 años y aún recuerda con satisfacción los logros de la Misión Necochea.
No sólo cree que las dos misiones promocionales realizadas en los años 1977 y 1978 fueron un importante aporte al turismo local, también destaca el éxito del grupo en lograr que en nuestra ciudad se instalara el Liceo Naval Militar.
Galilea explicó que García, que había vivido en Necochea y en ese momento era responsable de la empresa de transporte de larga distancia La Estrella, fue quien se propuso reunir a un grupo de empresarios locales para promocionar a la ciudad.
García reunió a los empresarios Vicente Mola, Pedro Quarterolo, Mario Ardanaz, Oscar Ghersi, Isidoro Galilea y al ingeniero Luis Núñez.
El grupo planificó la misión, que se proponía promocionar nuestras playas antes del verano a partir de visitas a las principales ciudades del país, reuniones con gobernadores, intendentes, entrevistas en radios, canales de televisión y diarios, entrega de folletería y proyección de un audiovisual sobre Necochea.
Tras su paso por Tres Arroyos, la primera misión visitó Bahía Blanca. El viernes 18, el audiovisual se proyectó en la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1, en el Colegio Nacional y en el Colegio “Domingo Savio” de la ciudad de General Roca.
Mientras las promotoras entregaban folletería en esa ciudad rionegrina, Adolfo García y Mario Ardanaz se dirigieron a Neuquén, donde se entrevistaron con autoridades gubernamentales y mantuvieron entrevistas varios medios.
El ingeniero Núñez, en diálogo con Ecos Diarios, manifestó el sábado 19 de noviembre: “Sin dudas, esta primera etapa ha sido altamente positiva. El más claro ejemplo de ello lo constituye el beneplácito general con que el ámbito oficial y empresario elogió la iniciativa de la comunidad de Necochea, asignándole un rol de ejemplo nacional”.
La misión prosiguió por Villa Regina y Cipolletti, pero cuando concluía su segunda etapa, se produjo en San Juan un sismo que dejó 64 muertos, 250 heridos y unos 10.000 sin techo, lo que obligó a postergar la visita a esa provincia.
Pero días después, con el fin de encabezar la campaña en las provincias de Mendoza, San Luis y La Rioja, viajaron hacia San Rafael, Isidoro Galilea y Oscar Ghersi, quienes relevaron a Pedro Quarterolo, que tuviera a su cargo la dirección de la misión en su recorrido por toda la provincia de La Pampa.
El 10 de diciembre de 1977, la misión llegó hasta Tucumán. Dos días después estuvieron en Salta y más tarde en Santiago del Estero. Mientras tanto, en nuestra ciudad ya se comenzaba a proyectar el recibimiento, que coincidiría con la inauguración de la temporada.
Antes de regresar, el grupo visitó Rosario y luego llegó hasta La Plata, donde fue recibida por el entonces gobernador, general Ibérico Saint Jean. “Esta es una brillante iniciativa”, manifestó el jefe del gobierno bonaerense.
Finalmente, el 21 de diciembre de 1977, durante la inauguración de la temporada, arribó a la ciudad la Misión Necochea, tras 40 días y 14 provincias recorridas.

La segunda
El 23 de noviembre de 1978 partió la segunda misión. En esa oportunidad, la misión fue encabezada por el director de Turismo, Roberto Satej. Por Radio Necochea viajaban Héctor Nicolás Fulton, Julio Antonio Batista (técnico) y Raúl Oscar Olivera; por Ecos Diarios César Rubén Lisa y Alejandro Javier Bustos (fotógrafo). Como encargados de la proyección del audiovisual fueron Juan Pedro Serrano y Miguel Raúl Deis y como guías turísticas las jóvenes: Silvia Noemí Said, Ofelia Reneé González, María Mabel Vasconcelo y Mónica Adriana Giménez.
En ese segundo viaje se visitaron Tres Arroyos, Bahía Blanca, Punta Alta, Puerto Belgrano, Villa Regina, General Roca, Allen, Cipolletti, Neuquén, San Rafael, Mendoza, San Juan, Caucete, San Luis, Paraná, Resistencia, Corrientes, Paso de la Patria, Itatí, Posadas y San Ignacio. También ciudades de países limítrofes como Encarnación, Uruguayana y Salto.
La misión finalizó en la Capital Federal y volvió a Necochea para el 21 de diciembre.
“Considero que las dos misiones dieron muy buenos resultados”, manifestó Galilea, quien se siente satisfecho por el logro de aquella comisión de empresarios que “ni siquiera tenía personería jurídica”.

El Liceo
Aunque para Galilea el mayor éxito del grupo fue lograr que se instalara en nuestra ciudad el Liceo Naval Militar.
Tras innumerables viajes y reuniones, el 9 de febrero de 1981 se inauguró el Liceo Naval Militar “Carlos María Moyano”, haciendo realidad un viejo anhelo de los vecinos de la ciudad.
Fue otra idea de Adolfo García, quien impulsó al grupo a llevar adelante un proyecto que parecía imposible y que comenzó a tomar forma con la designación del almirante Armando Lambruschini al frente de la Armada.
El jefe de la fuerza les explicó a los miembros de la Misión Necochea que el proyecto sólo podía tener buen fin si se conseguía el edificio para el liceo.
Los miembros del grupo iniciaron gestiones para utilizar las dependencias de Vialidad provincial y contaron con el apoyo del gobernador Saint Jean.
Finalmente, el 27 de junio de 1980, durante un acto desarrollado en la Ciudad de Buenos Aires, el comandante de la Armada, almirante Armando Lambruschini y el gobernador bonaerense de facto, general Ibérico Saint Jean, firmaban el convenio para la puesta en marcha en nuestra ciudad del Liceo Naval Militar.
La ceremonia se realizó en el edificio Libertad, sede del Comando en Jefe de la Armada Argentina y contó con la presencia del intendente Alberto Percario e integrantes de la Misión Necochea, además de autoridades militares.
Galilea señala que a pesar de las connotaciones políticas que el Liceo puede tener en la actualidad, le apena que se haya cerrado, porque “daba trabajo a unas 120 personas de nuestra ciudad. Era una fábrica”.
Explicó que la instalación del Liceo en la ciudad fue un éxito, porque no sólo generó fuentes de trabajo, sino un gran movimiento comercial y turístico por la llegada de decenas de estudiantes de distintas ciudades de la región y el país. Muchas de esas familias incluso adquirieron propiedades en Necochea y se radicaron aquí.
La gestión para la fundación del liceo aquí, fue el último proyecto llevado adelante por la Misión Necochea, un grupo de empresarios que con su trabajo dio un gran impulso a la ciudad. Una labor que no se ha vuelto a repetir.

Artículo publicado en Ecos Diarios de Necochea
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3 de noviembre de 2014

Juan Jose Flores

La otra Lumb, la Villa de la Salud y la Quequén que no fue

Necochea
Cuando se habla de la historia de nuestro distrito, también se debería recordar aquellos proyectos que sólo quedaron en los papeles. El partido de Necochea pudo haber sido mucho más progresista si tres de estos sueños se hubieran hecho realidad.
Es el caso del pueblo soñado por Alberto Nazarre, primer intendente de la ciudad, el de la localidad de Lumb que quedó un legendario loteo y el del casi imposible proyecto de una ciudad de Quequén tan grande como una capital.




Su propia ciudad
Nazarre fue un poderoso político y empresario local, propietario del primer periódico de la región: El Baluarte. Pero este hombre también quería tener su propia ciudad, así que decidió construirla en las tierras de su estancia “La Susana”, en cercanías de Estación Lumb.
La estancia se encontraba ubicada en lo que hoy es el límite con el partido de San Cayetano.
La idea era que el pueblo se llamara Villa de la Salud y se realizaron los planos de la futura población, sin embargo, aquella idea nunca se llevó adelante y Nazarre ni siquiera llegó a vender los lotes.
Hoy se confunde la ubicación de esa villa con la de Lumb, una localidad que pudo haberse convertido en ciudad, pero que también quedó en los planos.

La otra Lumb
Lumb
Estación Lumb fue inaugurada en 1908, entre las estaciones de Tandil y Defferrari. Tomó su nombre del acaudalado empresario inglés Edward Lumb, que obtuvo la concesión para la construcción de las vías de la Buenos Aires Great Southern Railway Company Limited, aquí denominado Ferrocarril Sud.
Al habilitarse la estación Lumb en el año 1908, se instalaron en sus cercanías una pequeña cantidad de pobladores que estaban relacionados con las tareas agrícolas ganaderas de la zona.
La fundación de la Sociedad Deportiva Dinamarquesa Darnnevirke y del Club Defensores de Lumb dio mayor impulso al caserío.
Con ese impulso, se proyectó crear una ciudad, se trazó un plano de la futura población y se realizó el loteo en un campo ubicado a cierta distancia de la estación.
Si bien los lotes se vendieron, sólo se construyeron algunas casas y el pueblo continuó creciendo al lado de la estación.
La localidad contó desde la década del '40 con una calera, que pertenecía a Enrique Guillamón y que daba empleo a obreros de Lumb y de Juan N. Fernández.
Más o menos por aquella época, un acuerdo político entre el Gobierno nacional y las empresas inglesas que administraban las distintas líneas de ferrocarriles, decidieron el futuro de cientos de estaciones en todo el país.
El 13 de febrero de 1947, el gobierno nacional compró los ferrocarriles ingleses. Una década después, el 4 de noviembre de 1958, se formó el Partido de San Cayetano, con tierra tomadas a los distritos de Tres Arroyos, Gonzales Chaves y Necochea.
Estación Lumb, que había pertenecido a Necochea desde su creación, quedó entonces dividida. De a poco, el pueblo fue desapareciendo.

Quequén gran ciudad
Otra historia de proyectos frustrados es la de Quequén. El 2 de diciembre de 1889, el agrimensor Eugenio Moy presentó los planos de la futura ciudad de Quequén, un faraónico proyecto que preveía el trazado de un ejido urbano que incluía 13 plazas, un parque público, hipódromo y una estación ferroviaria.
La iniciativa era parte del proyecto de la Compañía "Ciudad de Quequén", que pretendía construir una población en la desembocadura del río Quequén.
Según una nota presentada por el representante legal de la firma, Alfredo Meabe, al ejecutivo provincial el 19 de julio de 1889, el objetivo de empresa era levantar "una gran ciudad y puerto" que contara con "todas las comodidades necesarias tales como la pavimentación, iluminación, mercados, una red completa de tranways, aguas corrientes y teléfono".
La compañía tenía como presidente a Hugo A. Bunge y su principal accionista era Manuel J. Guerrico, propietario de las tierras donde se efectuaría la urbanización.
La idea era crear una verdadera capital en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, según se desprende de los planos originales.
El sector principal del amanzanado consistía en un damero, orientado a medio rumbo, de 24 por 24 manzanas de 100 metros por 100 metros cada una, separadas por calles de 20 metros. Dos avenidas de mayor ancho dividían este sector en cuatro secciones o cuarteles, cada uno de ellos recorrido por dos diagonales que se cruzaban en una plaza hexagonal.
La ciudad proyectada tenía además una plaza central formada por cuatro manzanas, cuatro plazas menores, de una manzana, en los vértices de la cuadrícula, y otras cuatro romboidales en las medianas del perímetro.
Pero esto era sólo el sector principal del ejido urbano de la ciudad imaginada por Moy. El amanzanado se prolongaba hasta llegar a la margen del río, formando otras dos secciones, una de ellas de forma irregular, con 24 por 10 manzanas en su mayor extensión y la restante formada por dos triángulos, uno compuesto por unas 100 manzanas y otro de diseño pintoresquista.
La ciudad estaba rodeada de quintas de dos hectáreas y también una zona de chacras de cuatro y ocho hectáreas.
La zona medanosa de la costa, entre el ejido y las playas, se reservaba como parque público y se preveían los terrenos para el emplazamiento del hipódromo, en la esquina este del ejido, y de la estación ferroviaria, dentro del amanzanado.
El Departamento de Ingenieros no presentó objeciones al proyecto, que fue aprobado por el gobierno de la Provincia el 2 de junio de 1890.
Sin embargo, debido a las dificultades económicas de la compañía “Ciudad de Quequén”, el ambicioso proyecto no llegó a concretarse. Sólo se respetó la parte del plano más próxima al río.

Artículo que escribí para el Suple Finde de Ecos Diarios de Necochea
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1 de junio de 2014

Juan Jose Flores

Tres años cautivo en la Patagonia

Cuando se recuerdan las primeras crónicas de la región, siempre se mencionan los textos escritos por el jesuita José Cardiel a mediados del siglo XVIII, pero nunca se menciona el nombre de Auguste Guinnard.
Este joven francés había llegado a América en 1855. Tenía entonces 24 años y creía que lo aprendido en su país, en el rubro de las exportaciones, le permitiría ganar dinero y podría así ayudar a su madre, que vivía en la pobreza.
Pero no tuvo suerte en Montevideo, primera ciudad americana en la que intentó ejercer su profesión y cruzó el Río de la Plata hacia Buenos Aires. Un año más tarde, se encontraba al borde de la miseria y buscaba desesperado algún trabajo que le permitiera subsistir en los campos ubicados junto al río Quequén.



Precisamente la desesperación, fue la que lo llevó a tomar una decisión temeraria y por poco suicida: iniciar un viaje a pie a Rosario, a través del campo y con la única compañía de un viajero italiano tan joven e inexperto como él.
El desastre no tardó suceder, los dos jóvenes se perdieron y sólo Guinnard sobrevivió, pero su vida se convirtió en un calvario. Durante tres años fue esclavo de los aborígenes que habitaban la Pampa y que odiaban a los cristianos.

Desde Quequén
“Antes del testimonio de Auguste Guinnard no se sabía casi nada de Patagonia y menos aún de los patagones”, escribió Jean-Paul Duviols, quien en 2008 publicó una traducción del libro “Tres años de esclavitud entre los patagones (relato de mi cautiverio)”.Pero como indica el título de Duviols en la introducción del libro, el viaje que inició Guinnard a orillas del Quequén Grande, fue involuntario.
Se trataba de un joven que buscaba fortuna y que se topó con la adversidad y sin querer se transformó en el primer cronista que convivió con los aborígenes.
Según Duviols, a mediados del siglo XIX los “lectores interesados por aquella región -que no eran muchos-, no tenían ni la más remota idea de su diversidad y menos aún de la vida cotidiana de los grupos indígenas que la recorrían”.
Añade Duviols, “al publicar su libro, Guinnard fue consciente de que su aporte científico al conocimiento de pueblos ‘salvajes’ y en vía de desaparición era por lo menos tan importante como su aventura personas, por extraordinaria que fuera”.
Escribió Guinnard: “Se comprenderá que, para un esclavo como lo era yo, no era cosa de unos días, ni siquiera de unos meses, recoger las diversas observaciones que hoy ponto ante los ojos del lector”.
La extraordinaria aventura de Guinnard fue publicada en Francia por la revista Le Tour du monde y tuvo un gran éxito. Incluso Julio Verne, uno de sus lectores apasionados, se inspiró el relato de Guinnard para ubicar el inicio de la popular novela “Los hijos del capitán Grant” en la Patagonia.

La odisea de Auguste
“En los primeros meses del año 1856, después de haber visitado a Carmen (de Patagones), sobre el río Negro, al Sur de la Confederación Argentina, y el Fuerte Argentino, situado en el fondo de Bahía Blanca, andaba errante entre los establecimientos de Buenos Aires, muy distantes unos de otros sobre el río Quequén, rara vez trazado y menos aún citado en nuestros mapas europeos”, escribió Guinnard en el inicio de su libro “Trois ans d’esclavage ches les patagones”.
“¿Qué motivos habían podido llevar a un hijo de París hasta aquella extremidad del nuevo mundo? Unas cuantas palabras me bastarán para darlos a conocer.Como tantos millares de franceses que todos los años abandonan el suelo natal en dirección a las riberas del Plata, había ido yo también, en 1855, con el objeto de buscar fortuna en Montevideo y Buenos Aires”, señala el texto.
“O por lo menos a tratar de adquirir, por medio de mis conocimientos prácticos en el comercio de exportación, la certidumbre del pan cotidiano para mí y un poco de bienestar para la vejez de mi madre”, añade la crónica. “Pero por desgracia mía todo me había salido mal, lo mismo en Montevideo -donde encontré ya instalada una competencia demasiado poderosa para que yo pudiera contender con ella- que en Buenos Aires, presa de una de esas crisis revolucionarias que la agitan periódicamente”.
En su estudio sobre la obra de Guinnard, Duviols señala que el joven no da precisiones sobre los trabajos que debió realizar para vivir, pero “es probable que trabajara un tiempo en una fábrica de jabones”.
“Luego, recorrió una zona muy amplia (Tandil, Azul., Fuerte Argentino, Bahía Blanca, Carmen de Patagones y Quequén). No sabemos cómo se ganaba la vida, pues su relato verdadero empieza en Quequén Grande donde trabó amistad con un italiano llamado Pedrito que se encontraba en una situación parecida a la suya y con quien emprendió un viaje hacia Rosario”, precisó Duviols.
“Después de haber recorrido en balde Mulita, El Bragado, el Azul, el Tandil, Tapalquén y Quequén Grande, puntos importantes de la frontera argentina donde habitan muchos estancieros dedicados a la cría y tráfico del ganado, resolví, sin dejarme abatir por tantas decepciones, regresar a Rosario, donde me aseguraban que tendría más probabilidades de éxito”, relató Guinnard en su libro.
“Un italiano, llamado Pedrito, desorientado como yo en este distrito perdido, me propuso entonces acompañarme, y juntos emprendimos la travesía de la pampa, a fin de acortar la distancia que teníamos que recorrer”, explicó.
La idea no solo era temeraria, sino prácticamente suicida y para el pobre Pedrito en realidad lo sería. A pesar de que en aquella época cualquier persona tenía acceso a un caballo, los dos europeos iniciaron la travesía a pie.
“Para reemplazar a los guías que nuestra falta de medios no permitía proporcionarnos, tracé yo mismo un itinerario en un mapa y compré una brújula, y fiados en nuestras fuerzas y juventud partimos a pie, llevando a cuestas algunas provisiones de boca y caza. Bien conocíamos que se nos presentarían numerosas dificultades, y aun peligros, pero estábamos decididos a arrostrarlo todo”, escribió años más tarde..
“El 18 de mayo de l856 nos pusimos en camino. Esta época del año coincide con el principio del invierno en estas regiones. A nuestra partida comenzó a llover a torrentes, y hacía, además, un frío vivísimo, cuya intensidad aumentaba con el viento muy recio que soplaba de las profundidades de la Patagonia. Este mal tiempo duró cuatro días y nos impidió cazar y hacer lumbre; mucho trabajo nos costó también proteger de la humedad nuestras armas, de las cuales dependía nuestra existencia. En la tarde del cuarto día cesó de llover y un rayo de sol vino a reanimar nuestro ardor;descansamos algunas horas y comimos un poco del pan empapado en agua que nos quedaba”.
Pero la brújula que orientaba a los inexperimentados viajeros no tardó en descomponerse y ambos hombres se perdieron y se adentraron en la Patagonia, donde fueron atacados por un grupo de aborígenes. En vez de entregarse, decidieron luchar, a pesar de su inferioridad de condiciones y Pedrito no sobrevivió al entrevero.
Guinnard fue tomado cautivo y vivió los siguientes tres años en la extrema miseria, como esclavo. Fue vendido por los poyuches, que lo habían capturado, a los puelches, luego a los tehuelches y por fin a los mamuelches. A pesar del calvario que significó la cautividad, nunca perdió la esperanza de escapar y en el tiempo que pasó como esclavo, no sólo aprendió las costumbres y la lengua de sus captores, también se convirtió en un fantástico jinete y logró una fortaleza física que después de tres años le permitió fugarse.
Su odisea, que había comenzado a orillas del Quequén, culminó en Río Quinto, donde se recuperó físicamente. Luego cruzó los Andes y desde Valparaíso volvió a Francia.
Poco se sabe de su vida posterior. Incluso se desconoce cómo murió. Según Duviols, nunca se recuperó psicológicamente de la cruda experiencia de la cautividad. (Publicado en el suplemento Finde de Ecos Diarios de Necochea)
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28 de mayo de 2014

Juan Jose Flores

De Quequén hacia la esclavitud

Esta semana, en la sección Nuestra Historia de Ecos Diarios, estoy pensando en escribir sobre Auguste Guinnard.  Se preguntarán: ¿Quién es Guinnard y qué relación tiene con Necochea? Fue un pequeño burgués que a mediados del siglo XIX vino a la Argentina a hacer la América. Pero no tuvo suerte y terminó recorriendo los establecimientos rurales ubicados a orillas del Quequén Grande. Como aquí no consiguió trabajo y, al borde de la miseria, decidió emprender un viaje a pie a Rosario, en busca de mejor fortuna. Pero aquel viaje se convirtió pronto en una pesadilla y terminó convertido en esclavo de los indios.
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19 de mayo de 2014

Juan Jose Flores

Historia del Casino de Necochea

Casino Necochea
El 9 de febrero de 1973, ante más de 5.000 personas, el entonces ministro de Bienestar Social de la Nación, Oscar Puiggrós, presidía la ceremonia de inauguración de la primera etapa del Complejo Casino de Necochea.
Esa cálida noche de verano, la primera bola lanzada oficialmente en las mesas de ruleta de la sala de juego, era el “Negro el 22”.



Habían pasado poco más de cuatro años desde que el 12 de octubre de 1968, se colocara la piedra fundamental del complejo en un sector denominado “La olla”, junto al Parque Miguel Lillo.
Si bien aún faltaba mucho para concluir la obra, en marzo de ese año se realizarían elecciones presidenciales, y el entonces presidente de facto teniente general Alejandro Agustín Lanusse quería despedirse con la habilitación de la monumental obra en Necochea.

La construcción del Casino de Necochea

El Complejo fue proyectado por el arquitecto Roberto Quiróz y construido en un sector de los necochenses denominaban “la olla” y que era utilizado para descansar y tomar sol en los días de viento, ya que se encontraba rodeado de un cordón de dunas y tamariscos.
La obra fue financiada por la Lotería de Beneficencia Nacional y Casinos y llevada adelante por la empresa Seminara Sociedad Anónima.
Para poder plantar los cimientos, la obra debió remover un médano de 12 metros de altura y trasladar 90.000 metros cúbicos de arena.
El edificio proyectado ocuparía una superficie de 22.000 metros cubiertos. Las salas de juego abarcarían una superficie cubierta de 2.000 metros cuadrados, con capacidad para albergar a más de 8.000 personas, 50 mesas de ruleta y 20 de punto y banca.

Inauguración del Casino de Necochea

Para febrero de 1973 sólo estaba completada en parte. La inauguración impulsada por Lanusse sólo consistió en abrir la puerta a la salida de juegos, la confitería y los locales comerciales.
Faltaba concluir el restaurante, la boite, la pileta y el imponente Teatro Auditorium.
En la inauguración, el edificio sorprendió por sus características futuristas. La araña luminosa, ubicada en el acceso a la sala de juegos, con miles de lámparas, deslumbró al público.
También resultaba sorprendente la tecnología con la que contaba el edificio, ya que se realizaba el seguimiento de los jugadores a través de un circuito cerrado de televisión.
El interior de la sala de juego tenía columnas revestidas con mármol de Carrara y Verde Alpe. Espejos, alfombras y arañas completaban la sofisticada decoración.
La sala de entretenimientos contaba con canchas de bowling, donde se ubicaban, además, mesas de billar.
Esa noche de febrero de 1973 también se inauguró la pista de patinaje especialmente preparada para la realización de partidos de hockey sobre patines.
En tanto, la galería comercial comprendía salones para oficinas, negocios y kioscos, ejecutados con techos decorativos de modernas líneas con iluminación acorde, pisos de porcelana y paredes revestidas.
En una segunda etapa fue habilitada la boite, que contaba con un cielorraso de superficie cilíndrica.
Junto al restaurante, la boite fue inaugurada una piscina que contaba con iluminación subacuática, trampolines y tobogán y era toda una revelación para los necochenses.
En la parte exterior se construyó una playa de estacionamiento con capacidad para casi un millar de automóviles y se completó el conjunto con obras de jardinería exterior.

Decadencia del Casino de Necochea

Con el paso del tiempo, el corte futurista del Complejo Casino se convirtió en una postal de la ciudad. En los años 70 fue un símbolo del crecimiento turístico de Necochea.
Para comprender la convocatoria turística de la ciudad en aquella época, basta decir que esa misma noche se presentaban en la ciudad dos grandes espectáculos musicales: en Rimini el joven cantante Sergio Denis y en Fortacho`s, Juan “Corazón” Ramón.
Eran épocas en las que la temporada teatral duraba tres meses y los elencos permanecían durante toda la temporada en la ciudad. Cuando la ciudad tenía cinco cines y las vacaciones se extendían por semanas.
Pero luego, con la falta de mantenimiento y la erosión que el aire marino ocasionaba sobre la estructura metálica, el complejo comenzó a decaer, lejos de los brillos de lo que fue aquella noche de febrero de 1973.
En agosto de 2001 un incendio destruyó una parte de la construcción. Por ello, el Casino es hoy un reflejo de lo que fue en la década del 70.

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3 de marzo de 2014

Juan Jose Flores

Historia del carnaval en Necochea

Convertidos en algunos lugares del mundo en una maquinaria económica que atrae a millones de turistas, el carnaval fue hasta hace poco más de 50 años una fiesta popular que no reconocía clases sociales, sexos ni edades. Hasta en los más remotos pueblos del interior la gente se disfrazaba, formaba comparsas y salía a bailar a las calles.
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Juan Jose Flores

El viejo Partido de Necochea

Hasta el 24 de octubre 1958, el Partido de Necochea comprendía un territorio mucho más extenso que el actual, ya que incluía a gran parte de las tierras del actual distrito de San Cayetano.
Precisamente esa localidad era el principal pueblo del interior del extenso interior necochense.
El Partido de Necochea fue creado el 31 de agosto de 1865 y tenía una extensión de 7.130 kilómetros cuadrados, 2.339 kilómetros cuadrados más que en la actualidad.
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21 de febrero de 2014

Juan Jose Flores

La nostalgia de escribir a máquina

Desde que tengo memoria, las máquinas de escribir han sido aparatos que han atraído mi atención. Si bien desde hace años no uso una, siempre me han gustado y podría tener una colección, si tuviera dinero, tiempo y espacio.
Días atrás, en un blog que ahora han sacado de línea, leía sobre la Smith Corona XD 5700. Tengo una de estás máquinas, aunque está embalada desde hace ya tiempo (cuestiones de espacio como decía).
Escribir a máquina es una experiencia completamente diferente a la de utilizar una computadora. Quienes las hayan utilizado sabrán de lo que hablo.
Leer ese artículo sobre la Smith Corona me provocó una gran nostalgia y tal vez un día de estos la saque de la caja, le ponga papel y hasta escriba algo.
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9 de febrero de 2014

Juan Jose Flores

Histórico almacén de ramos generales de Necochea

En los primeros días de octubre de 2004, en una oficina de subastas judiciales de la Capital Federal, se remataba en 476.000 pesos el inmueble ubicado en la esquina de calle 62 y 63.
Con el remate culminaba la historia de uno de los comercios más tradicionales de nuestra ciudad, la Casa Jaca.
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3 de febrero de 2014

Juan Jose Flores

Quequén y Lobería, el mismo origen

El viernes la ciudad de Lobería celebró su aniversario. Para quienes no conocen la historia de esa localidad, resultará particularmente llamativa la fecha en que un grupo de pobladores solicitó por primera vez la creación de un pueblo que sirviera de cabecera al vecino distrito. Fue el 3 de agosto de 1854.
La misma fecha que en la actualidad se celebra el aniversario de la fundación de Quequén.
Es que la idea original de aquel grupo de vecinos que se reunió en el paraje La Ballenera, era fundar la ciudad cabecera del partido de Lobería a orillas del Río Quequén.
La familia Guerrico, propietaria de las tierras donde se debía fundar el pueblo, se opuso. Paradójicamente, años más tarde los mismos Guerrico impulsaron la creación de una Sociedad Anónima para la fundación de la ciudad de Quequén.
Es así que Lobería y Quequén se confunden en sus orígenes. Lobería se fundó finalmente el 31 de enero de 1891, mientras que Quequén nunca se fundó oficialmente, por lo que hace unos años se tomó como fecha fundacional aquel 3 de agosto de 1854.

Los pagos de Quequén
Cuenta la historia lugareña que entre los habitantes del partido de Lobería, había a mitad del Siglo XIX quienes deseaban que la cabecera del partido se fundara en la costa y quienes querían que el pueblo se levantara tierra adentro.
Esos dos grupos quedaron en la historia como “costeros” y “serranos”. Precisamente los “costeros” eras quienes impulsaban la creación de la ciudad de Lobería en la desembocadura del Río Quequén.
En aquella reunión en el paraje La Ballenera, en 1854, se elevó una nota al Juez de Paz solicitando la fundación de la ciudad cabecera en tierras de Guerrico, en lo que se denominaba “Pago de las Loberías”.
Pero Guerrico había adquirido esas tierras en octubre de 1836 y se opuso a la iniciativa. Pese a ello, el pedido de fundación se repitió en 1856, 1857, 1868 y 1882.
A pesar de que la ciudad no se fundó en la desembocadura del río, ya el 4 de octubre de 1870 se realizó el primer embarque desde un pequeño muelle ubicado a unos metros de lo que hoy se conoce como Loma de Gil.
Para 1882 la actividad de los barcos de cabotaje en el primitivo puerto de Quequén había cobrado impulso.
Al ver el potencial del lugar, el 19 de octubre de 1889, varias personas se reunieron en la casa de Guerrico para formar el directorio de la Sociedad Anónima de Quequén.
En tanto, los “serranos” parecieron ganar la pulseada y el 31 de enero de 1891 se fundó la ciudad de Lobería en un lugar denominado “la reserva”.

Ciudad que no fue
En tanto, la idea de construir una ciudad en la desembocadura del Quequén estaba en los papeles, pero nunca llegaría a concretarse tal como fue proyectada.
El 2 de diciembre de 1889, el agrimensor Eugenio Moy presentó los planos de la futura ciudad de Quequén, un faraónico proyecto que preveía el trazado de un ejido urbano que incluía 13 plazas, un parque público, hipódromo y una estación ferroviaria.
La iniciativa era parte del proyecto de la Compañía "Ciudad de Quequén", que pretendía construir una población en la desembocadura del río Quequén.
Según una nota presentada por el representante legal de la firma, Alfredo Meabe, al ejecutivo provincial el 19 de julio de 1889, el objetivo de empresa era levantar "una gran ciudad y puerto" que contara con "todas las comodidades necesarias tales como la pavimentación, iluminación, mercados, una red completa de tranways, aguas corrientes y teléfono".
La compañía tenía como presidente a Hugo A. Bunge y su principal accionista era Manuel J. Guerrico, propietario de las tierras donde se efectuaría la urbanización.
Pese a las gestiones realizadas, nunca se consiguió que se aprobaran las planos.
Con el tiempo y al ritmo de sus propios pobladores, Quequén creció sin planificación y nunca fue fundada oficialmente.
En 1934 se decidió realizar el replanteo de la ciudad, que recién fue aprobado el 31 de marzo de 1938.

El plano
En 1986, un estudio realizado por la Dirección de Geodesia del Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires, señalaba como fecha de fundación de Quequén el 31 de diciembre de 1889.
Según el estudio, en esa fecha la Compañía “Ciudad de Quequén” comenzó a vender los primeros lotes.
Según el libro "El litoral sudeste bonaerense", del arquitecto Raúl Arnaldo Gómez Crespo, el Departamento de Ingenieros no presentó objeciones al proyecto de Moy, que fue aprobado por el gobierno de la Provincia el 2 de junio de 1890.
"El ferrocarril llegó a Quequén en 1892, y la estación se ubicó en el solar previsto en el plano de Moy", escribió Gómez Crespo. "Tres años después, en 1895, se inauguraba el gran Hotel Quequén, sólo comparable en envergadura al Bristol de Mar del Plata".Sin embargo, debido a las dificultades económicas que debió enfrentar, la compañía no había esperado la aprobación de los planos para comenzar a vender solares y ya en diciembre de 1889 habían comprado tierras Julián Ortiz y Manuel García.
Precisamente debido a la situación financiera, el ambicioso proyecto de la compañía no llegó a concretarse. Sólo se respetó la parte del plano más próxima al río.
El plano definitivo, realizado en julio de 1906 por F. Segovia, respetó una de las diagonales del diseño de Moy, así como la posición de la estación ferroviaria y la cuadrícula de las dos secciones próximas al río, únicas amanzanadas en el nuevo proyecto.

La historia
La fecha de fundación de la ciudad de Quequén que parecía certificar aquel informe de la Dirección de Geodesia, nunca fue tomada en cuenta por los vecinos.
Los quequenenses tomaron como propia la fecha del 3 de agosto de 1854, como el momento fundacional de la ciudad.
Fue fundamental en la recuperación de esta fecha una profesora de historia que había venido a vivir a Quequén en 1980.
Adelia Pommerenck recuperó parte de la historia de Quequén. Fue quien recuperó del olvido el 4 de octubre de 1870, día en que se realizó el primer embarque desde Quequén y que podría considerarse fecha de nacimiento del puerto local.
Fue ella quien también recuperó al 3 de agosto, que a fines de los 90 fue tomado definitivamente como día de la fundación de Quequén, la ciudad soñada en un principio como cabecera del partido de Lobería.
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