Rubén Blades es reconocido mundialmente por su maestría narrativa en la salsa, su faceta como actor en producciones de Hollywood y su trayectoria política en Panamá. Sin embargo, detrás del autor de clásicos inmortales como "Pedro Navaja", existe una faceta menos difundida pero igualmente apasionante: la de un coleccionista obsesivo de cómics.
El origen de un fanatismo
La relación de Blades con el cómic comenzó en su infancia, cuando los tebeos fueron su primer contacto con el lenguaje secuencial y la narrativa visual. No obstante, al llegar a la adolescencia, el joven músico se vio obligado a pausar esta afición debido a la acumulación de material que le dificultaba el traslado y almacenamiento.
Todo cambió radicalmente en 1974, cuando Blades se estableció en Nueva York a los 26 años. Fue en la "Gran Manzana" donde el cantante descubrió un ecosistema de tiendas especializadas que reavivó su entusiasmo. A partir de ese momento, el autor no solo retomó su hobby, sino que lo hizo con un enfoque de curador, buscando piezas de valor histórico y artístico que complementaran su visión sobre la narrativa popular.
La colección que recorrió el mundo
Durante años, Blades acumuló volúmenes que reflejan la "Edad de Plata" y la "Edad de Bronce" del cómic estadounidense. Su interés no radicaba únicamente en la lectura, sino en la preservación de estas obras como documentos culturales. En su momento, esta decisión de desprenderse de gran parte de su colección a través de plataformas especializadas fue vista por el artista como una forma de democratizar el acceso a piezas que habían sido parte de su historia personal y creativa.
Más allá de la música, el paso de Rubén Blades por el mundo del coleccionismo subraya una verdad fundamental en su obra: su capacidad para observar y extraer lo mejor de cada formato narrativo, ya sea una crónica urbana en forma de canción o una compleja historia de superhéroes convertida en arte secuencial..
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