Nunca hubiera sido dibujante de no ser por esas revistas que mi padre cambiaba por otras en una gomería donde también funcionaba una especie de quiosco de canje de ese tipo de material.
Todavía recuerdo la mesa cubierta de revistas Nippur Magnum, Fantasía, Intervalo, Dartagnan y de novelitas baratas de Marcial la Fuente Estefanía y Corin Tellado.
En las páginas de los superálbumes de Columba descubrí a dibujantes como Mandrafina, los hermanos Villagrán, Lito Fernández y a un joven Eduardo Risso, del que me hice fanático con su versión de la novela "El Guardaespaldas".


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