En su película “Django sin cadenas”, Quentin Tarantino aborda el horror de la esclavitud de negros africanos en los Estados Unidos durante el siglo XIX, pero lo hace en clave de spaghetti western, humor y violencia extrema, narrando el viaje de un esclavo que busca liberar a su esposa y un caza recompensas alemán que lo ayuda y acompaña en su odisea.
Nominado a cinco Oscar como mejor película, guión, actor de reparto, fotografía y edición de sonido, el nuevo filme del autor de “Perros de la calle” y “Kill Bill” -que se estrena hoy en salas locales- es una confirmación más del talento de Tarantino como cineasta, creador de diálogos inteligentes, agudos y desopilantes, y progenitor de personajes tan complejos como atractivos.
La película cuenta con notables actuaciones de Jamie Foxx, como el esclavo Django, Christoph Waltz, quien compuso a un oficial de las SS nazi en “Bastardos sin gloria” y aquí encarna a un elegante e implacable caza recompensas, Leonardo DiCaprio, como un terrateniente esclavista sádico, y Samuel L. Jackson, como su mayordomo negro, traidor a su raza y su cómplice más desalmado.

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Agua de muerto
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