21 فبراير 2015

Juan Jose Flores

Grandes aviadores necochenses

NECOCHEA
El 27 de agosto de 1921 se produjo un hecho sin precedentes en nuestra ciudad. Un delegado del Aero Club Argentino llegó hasta Necochea para tomarle una prueba de suficiencia al primer alumno de la escuela de vuelo Curtiss, que habían fundado tiempo antes Pedro Hansen y Guillermo Hillcoat.
El alumno en cuestión era Pedro Azzolini y superó con éxito la prueba, convirtiéndose de esta manera en el primer piloto formado en nuestra ciudad.

Pasión por el vuelo
A fines de la Primera Guerra Mundial, un grupo de intrépidos vecinos se entusiasmó con las máquinas voladoras y formó el Aero Club Necochea. En aquellos días, Hillcoat y Hansen, dos pioneros de la aviación argentina, instalaron en nuestra ciudad la Escuela Curtiss.
“Ayer por la mañana llegó de la capital, tripulado por (Guillermo) Hillcoat, un aparato Caudron de 120 HP, que pertenece al señor Enrique Riedel, quien en breve dará examen de piloto”, señalaba una breve nota publicada en Ecos Diarios el 26 de agosto.
“Se trata de un excelente avión de grandes condiciones de estabilidad y de patente fuerza. La aviación local potentiza con él un evidente progreso y constata en forma halagüeña los primero frutos de la simpática Escuela de Aviación”, agregaba.
Días después, se anunciaba la llegada del delegado del Aero Club Argentino, Ramón Herran, quien iba a tomar examen a un piloto de la escuela de Hansen y Hillcoat.
En la edición especial del 11 de septiembre permite vislumbrar la audacia de estos pioneros de la aviación. Hillcoat, señalaba Ecos Diarios, había realizado un curso de siete horas de duración y rendido examen el 14 de enero de 1920 bajo la supervisión de Lawrence León, representante de la Curtiss Motors Co.
Luego salió de gira por la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Pampa Central. El 10 de abril de 1921, junto a su alumno Pedro Hansen, se convirtieron en instructores de la escuela Curtiss de Necochea.
Hansen obtuvo su brevet el 8 de mayo de ese año, luego de siete horas de instrucción, como era costumbre en esos tiempos. Salió el mismo día del examen en vuelo desde Buenos Aires hacia nuestra ciudad, acompañado por su esposa.
Para agosto de 1921, cuando rindió el examen Azzolini, Hansen ya tenía en su haber más de 2000 vuelos.
El Aero Club Necochea todavía no había obtenido su personería jurídica y presidía la comisión provisoria Alejandro Calzada. No obstante, la visita de Herran también permitió integrar a la agrupación local a la Federación de Aeroclubes de la República Argentina.
La Escuela de Aviación local contaba con dos aviones Curtiss JN 90 y un avión Caudron. Tenía dos hangares ubicados donde actualmente funciona el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” y tres aspirantes a piloto: los vecinos Enrique Riedel, Nicolás Christensen y Bernardo Saubiete.
La actividad creció con el tiempo y los aviadores locales comenzaron a realizar vuelos de campaña y exhibiciones en distintas localidades de la región, que se extendieron hasta la Capital Federal.

Un olvidado
Pero si bien son pocos los que hoy recuerdan a Azzolini y a la escuela Curtiss, menos aún son los memoriosos que siquiera saben de Domingo Yrigoyen, un piloto nacido en Quequén que fue amigo de legendarios aviadores como Jean Mermoz y Antoine de Saint Exupery.
Yrigoyen había nacido en Quequén en 1900 y su familia se radicó en Bahía Blanca, donde bajo la dirección de Francisco Ragadale el futuro piloto aprendió a volar.
Se convirtió en un piloto apasionado y cuando se formó la Aeropostale Argentina Yrigoyen se presentó en el aeródromo de Pacheco con intenciones de formar parte de la nueva empresa.
Fue admitido y al día siguiente lo subieron a un avión Laté 25 para que llevara diarios capitalinos a la ciudad de Mar del Plata.
El vuelo de ida fue tranquilo, pero no así el de vuelta. Cuando sobrevolaba Dolores lo sorprendió una tormenta.
Su primera intención fue aterrizar, pero luego pensó que lo estarían esperando, enfiló hacia la costa y volando a baja altura ingresó por el Río de la Plata y aterrizó en Pacheco.
Su intrépido vuelo le valió el respeto de los franceses Mermoz y Saint Exupery.
Yrigoyen se convirtió en un hombre récord. Fue el primero en completar un millón de kilómetros y luego de 16 años ininterrumpidos, casi todos sobre la Patagonia, totalizó 1.880.000 kilómetros recorridos por aire.
De acuerdo a una entrevista publicada poco antes de su muerto en 1975, Yrigoyen consideraba a los aviones Laté 28 como muy nobles. También voló trimotores Junker, bajo las órdenes del capitán Rohland de Lufthansa. Este piloto alemán luego sería instructor de guerra de la Luftwaffe.
Luego de Aeroposta, Yrigoyen ingresó en la recién formada Aerolíneas Argentinas y voló durante 15 años consecutivos. Quienes lo conocieron decían que fue “el mejor piloto que tuvo Aerolíneas”.
El 29 de junio de 1945, Yrigoyen realizó su último vuelo, pero luego, cuando Aerolíneas Argentinas inauguró su vuelo directo en jet con Río Gallegos, fue invitado de honor en ese trayecto.
Si bien hoy su nombre se encuentra en el olvido, Domingo Yrigoyen fue un as en su época, cuando los aviones volaban a 200 kilómetros por hora y a veces los pilotos padecían bajísimas temperaturas en las cabinas.
La extrema exigencia de los vuelos sobre la Patagonia provocó la muerte de muchos de aquellos pilotos, incluso las de Mermoz y Saint Exupery. Yrigoyen sobrevivió a aquellas durísimas experiencia y se convirtió en un piloto de elite, que murió 30 años después de su retiro, a los 75 años.

Artículo publicado en el Suple Finde de Ecos Diarios de Necochea
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Juan Jose Flores

Un acuario y zoológico en Necochea

NECOCHEA
A fines de enero de 1964 comenzó a funcionar en el subsuelo de la Gran Galería Central un acuario y zoológico. La repercusión fue inmediata, unas 1.200 personas por día visitaban el lugar y pronto se incorporaron nuevos ejemplares a la colección.
Según un artículo aparecido en Ecos Diarios el 9 de febrero, el acuario contaba con un gran número de especies marinas, tales como arañas y cangrejos de mar, erizos, estrellas, pulpos, tiburones, anémonas rayas y peces raros provenientes de zonas tan alejadas de la nuestra como Malasia, China, la India, Siam, Malabar; México y Singapur”.
Estos ejemplares se encontraban en sus respectivas peceras, que estaban dotadas de calefactor automático, termómetro, luz propia y aireador. “Dado que así lo requieren esos peces acostumbrados a aguas más cálidas que las de nuestro mar”, añadía la nota.
Por otra parte, en el mismo lugar, además de un acuario funcionaba un zoológico, en el que los visitantes podían ver boas constrictor proveniente de Brasil, oso hormiguero, monitos y otros animales, así como diversas y coloridas aves.
A los pocos días de su apertura, el zoológico y acuario ya había incorporado nuevos ejemplares, como peces de riña, becazas de Italia, perros de la selva (Brasil), halcones laguneros, ardillas de Siria, coatíes, peces eléctricos, zorrinos y una boa anaconda.
Aunque la principal atracción era un pequeño gorila africano, de un mes y medio de edad y que, de acuerdo a la nota, era único en el país.
La insólita exposición de animales había provocado gran interés en el público, en especial entre los niños.
Los chicos seguían cotidianamente las graciosas actividades de varios monitos y en particular del gorila bebé, que interactuaba “con todos cuantos acuden a verlo”, precisaba el artículo.

Motivo de orgullo
Si bien en la actualidad son pocos los que recuerdan aquel acuario y zoológico, en su momento fue motivo de orgullo para los necochenses.
Se encontraba ubicado en el subsuelo del complejo arquitectónico más moderno de la ciudad: la Galería Central.
Tan sólo un año antes, el 20 de junio de 1963, la inauguración de la Galería había sido un acontecimiento sin precedentes en nuestra ciudad.
La idea de construir la galería que uniera las cuatro tradicionales calles de nuestro medio comenzó a gestarse en 1948 en la mente de los propietarios del terreno donde hoy se levantan tres cuerpos de edificios de departamentos y más de cien locales comerciales, Ramón Galparsoro junto a su esposa, María Aguirre y sus hijos políticos Arturo Salanueva y Jorge Mario Lafforgue.
Finalmente, el proyecto comenzó a concretarse tiempo después impulsado por la esposa de Galparsoro junto a Rodolfo Ardanaz y Juan Carlos Lafforgue. También se sumaron Carlos, Héctor, Alfonso y Enrique Ardanaz
Luego con los técnicos Juan Alberto Arano y el constructor Emilio F. Donato se formó la empresa constructora que comenzó con los trabajos en 1960.
A mediados del Siglo XX, el mercado imponía las galerías, por lo que rápidamente aquel proyecto se transformó en un gran éxito y no tardó en convertirse en el ámbito de gran parte de la actividad artística, cultural y social de la ciudad.
Los más memoriosos recordarán lugares de reunión, como la confitería Jockey Club, ubicada en el entrepiso del edificio, que recibía en las tardes y noches gran cantidad de concurrentes. O las canchas de bowling, junto a los grandes ventanales del mismo entrepiso, sobre la calle 64.
En esa época, el país vivía otra realidad económica, por lo que los cien locales de la galería estaban ocupados y todos trabajaban.

Gran repercusión
“El numeroso público que diariamente recorre las instalaciones del Acuario y Parque Zoológico Central, ubicado en el subsuelo de Gran Galería Central, observa con curiosidad y admiración los distintos ejemplares de la fauna marina y terrestre que allí se exhiben, constituyendo el buen gusto y prolijidad con que aquél ha sido montado un motivo de legítimo orgullo para nuestra ciudad”, señalaba otra nota publicada en Ecos Diarios el 27 de febrero de 1964.
“Por si ello fuera poco, el Acuario Central es el primero en el país que posee un ejemplar de caballito de mar”, añadía el artículo.
De acuerdo a la nota, el ejemplar tendría “cría y llegó a poder del Acuario Central merced a la gentileza de la firma local Popovich Hnos., que facilitó el hipocampo luego de ser capturado por la lancha ‘Osvaldo R’, perteneciente a la flotilla pesquera de Puerto Quequén”.
Los hipocampos “son el ornamento más espectacular de los acuarios, por lo que la tenencia de uno de esos raros ejemplares en el Acuario Central habrá de despertar, sin lugar a dudas, lógico interés en nuestra ciudad”, precisaba la nota.

Cayó en el olvido
En la actualidad son pocas las personas que recuerdan el acuario y zoológico que funcionó en el subsuelo de la Galería Central.
A excepción de los dos artículos de Ecos Diarios citados, también son escasos los registros gráficos sobre su existencia.
En la actualidad, debido a las leyes vigentes, un emprendimiento de ese tipo sería impensable en pleno centro de la ciudad.
Pero en aquella época fue una gran novedad que en un principio atrajo a grandes cantidades de público.
Sin embargo, la ciudad no tenía en ese momento la cantidad suficiente de habitantes como para mantener un flujo regular de público y con el paso del tiempo el zoológico y acuario dejó de ser visitado, por lo que debió cerrar sus puertas.

Artículo publicado en el Suple Finde de Ecos Diarios de Necochea
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2 فبراير 2015

Juan Jose Flores

Isidoro Sallago, un bandoneonista inolvidable

isidoro sallago necochea
El 23 de noviembre de 1969 fallecía Isidoro Sallago, uno de los músicos más talentosos nacidos en nuestra ciudad. Antes de la aparición de la TV en el país, integró las orquestas de algunas de las radios más populares de la ciudad de Buenos Aires y cuando llegó la televisión se presentó en las primeras emisiones de Canal 7.
Había nacido en nuestra ciudad en 1911 y al finalizar la década del 20 formó un cuarteto típico, muchas veces orquesta, que también integraban sus hermanos Calixto, Zoilo y el popular "Perico".
La típica animaba bailes en clubes de la época, romerías y festejos de Carnaval, con gran éxito.
En 1929, el Club Independiente realizó un baile en el desaparecido Hotel "La Paz", ubicado en la ochava de calles 61 y 66. La velada contó con la presencia del prestigioso artista Agustín Magaldi, que había venido a Necochea a realizar un show junto a Pedro Noda en el Cine Teatro París.
Magaldi elogió la actuación de Sallago en aquella fiesta.

A la capital
En 1936, ya casado con María Giusto, inseparable compañera y colaboradora de toda su vida, marchó a Buenos Aires ampliando así su horizonte laboral y artístico.
Dio sus primeros pasos con exitosas presentaciones en Radio Cultura, Radio Argentina y otras emisoras de la Capital Federal.
Su paso por Radio El Mundo le dio la oportunidad de integrarse a los mejores conjuntos de la época.
Pero fue en Radio Belgrano donde alcanzo mayor notoriedad. Allí integró durante veinticinco años la orquesta estable de la emisora y acompañó a los decadados cantantes de esos años.
También fue parte de las primeras emisiones de Canal 7, el decano de la televisión argentina, ya que integró la gran orquesta que formara Mariano Mores.
Más o menos en 1961 volvió a Necochea, jubilado, para instalar el Conservatorio Musical Buenos Aires, con Juan Carlos Caviello y más tarde Orlando Dibelo, quien muy joven formó parte de la orquesta típica de José Basso.

En Casablanca
Los memoriosos aún recuerdan las veladas bailables de la famosa Boite Casablanca, perteneciente al Royal Hotel. Al principio aquel local se llamaba Aldea Tropical.
Don Jaime Yankelevich, propietario de Radio Belgrano, le concedió a Sallago un permiso especial para actuar algunas temporadas en Casablanca.
Fue un gran éxito. Sallago realizó cinco ciclos nunca olvidados.
Debutó en 1947, con Reynaldo Arias y Pedro de la Cuesta como cantantes. Secundaba a la típica de Sallago la jazz de John Calabry.
En 1948 no abrió el Royal Hotel, pero en 1949 volvió con un notable cuarteto, que integraban el propio Isidoro Sallago y Vicente Todaro, en bandoneón; Luis Minelli, piano; Manuel Requena, violín y Tomás Requena, contrabajo. Cantaba Oscar Díaz y luego volvió Pedro de la Cuesta.
En Jazz, actuaba Casablanca Serenaders, dirigida por A. De Luca.
El 13 de marzo de 1949, estrenó el tango "Necochea de mis sueños", con música propia y letra de Horacio Nicolella. Sallago llevó ese tango a Radio Belgrano.
En 1950 regresó con su orquesta típica y el cantor uruguayo Carlos Duval. Estrenó el "Vals de la Esperanza", también con letra de Nicolella.
Para 1951 Casablanca contaba con la orquesta de Dajos Bela y el saxo de Sam Liberman, mientras la parte típica seguía a cargo de Sallago, alternándose diversos cantores de Radio Belgrano.
Su cuarta temporada coincidió con el cierre definitivo de1 Royal Hotel en 1958. Ese año también se presentó en Casablanca Sergio Feidman.
El 24 de mayo de 1950 fue impreso el tango "Y se puso a lagrimear", también de Sallago y Nicolella, estrenado por Ciríaco Ortíz, el eximio bandoneonista cordobés.

Para el recuerdo
Virtuoso del bandoneón, profesor de calidad, Sallago también brilló como compositor. Son suyos los tangos “Primer Sueño”, “El Ponchito”, “Royal Hotel”, “De mármol” y los ya nombrados “Necochea de mis sueños”, “Vals de la Esperanza” y “Y se puso a lagrimear”.
También las milongas “Mala senda” y “Ciriaco Luna”, y la ranquera “En la Estancia San Martín”.
Isidoro Sallago falleció el 23 de noviembre de 1969, tras una corta dolencia. Siempre se lo recordará como uno de los más grandes músicos de nuestra ciudad.

Artículo publicado en el Suple Finde de Ecos Diarios
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