Micaela ya está en Paraguay. Hoy hablamos con ella por teléfono y sentimos el alivio de saber que está bien. Mientras, nosotros no podemos acostumbrarnos a la vida sin ella. La casa parece vacía sin sus risas y sus juegos y en cada rincón encontramos algo suyo. La extrañamos un montón, pero al menos ahora sabemos que llegó, que no está deambulando por alguna terminal de ómnibus o demorada en la frontera, que está con su papá, sus tíos y sus abuelos.



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