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28 de septiembre de 2015

Juan Jose Flores

Hugo del Carril en Necochea

Hugo del Carril en Necochea
En los primeros día de 1981, la ciudad, próxima a cumplir 100 años, bullía de actividad. Apenas transcurridos unos minutos del año nuevo, llegó el “primer turista del Centenario”, que fue sorprendido en la entrada de la localidad y recibió un regalos y un reconocimiento.
El año comenzó también con una intensa actividad artística y quedó en la historia local como uno de los veranos con mayor presencia de músico, actores y humoristas de los que se tenga memoria.
Entre los espectáculos que inauguraron la temporada, se encontraba “Buenas Noches Necochea”, que podía en cartel a Hugo del Carril, Amelita Vargas y Agustín Magaldi hijo.



Los necochenses se podían cruzar también en la calle a José María Vilches, Enrique Liporace, Betiana Blum, Diana Maggi, Chela Ruiz, Malvina Pastorino, Juan José Camero y Eduardo Rudy.
El caso de Hugo del Carril era muy particular. El cantante regresaba de Colombia, donde había participado con gran éxito de un homenaje a Carlos Gardel. Sin embargo, según el mismo explicaba en una entrevista con Ecos Diarios, en la Argentina se le prohibía trabajar.
Su enorme talento como cantante, actor y director de cine no lo salvó de ser prohibido y perseguido por su ideología política. Por eso, en aquella entrevista publicada en Hola Verano el 9 de enero de 1981, Del Carril afirmaba que quería radicarse en Colombia porque estaba cansado de las persecuciones.
Horas antes el artista había tenido que suspender una de sus presentaciones. “Solamente sentí una descompostura de estómago que se fue acentuando y finalmente no me permitió actuar”, dijo para tranquilizar a su público.
Del Carril se presentaba en un local de la avenida 79 y la calle 6, nada menos que junto a Amelita Vargas, la Reina del Mambo.
“Yo soy nativo de uno de los barrios más lindos de Buenos Aires el barrio de Flores y ahí fue donde comencé las primeras correrías tangueras, en serenadas, en reuniones de amigos, en algún bodegón para entretener a la gente”, comentaba en una larga entrevista.
Nacido en 1912 como Piero Bruno Hugo Fontana, pero pronto se hizo conocido como Hugo del Carril. En 1937 fue contratado para interpretar el tango Tiempos viejos en la película “Los muchachos de antes no usaban gomina”.
En aquellos años también participó en las películas Madreselva, La vida es un tango, Gente bien, El astro del tango y La vida de Carlos Gardel.
En 1945, junto a Libertad Lamarque actuó en La cabalgata del circo, en la que aparecía Eva Duarte.
A fines de la década del cuarenta, tras vivir unos años en México, regresó al país y filmó Pobre mi madre querida e Historia del 900.
Si bien Del Carril era radical, apoyó fervientemente al peronismo. Dijo alguna vez: “Los sueños de mi padre y de mi abuelo, los cristalizó Perón. Entonces: ¿cómo puedo dejar de ser peronista?”.
Fue por eso que grabó Los muchachos peronistas, que pronto se convirtió en la marcha del movimiento y marcó definitivamente su futuro artístico: “La grabé por convicción y por pedido expreso del general Perón, aún sabiendo que sería más recordado por la marcha que por los tangos que he grabado”, afirmó después.

El perseguido
“La vida del profesional es bastante amarga”, señaló Hugo del Carril aquel verano de 1981 en Necochea. Culpaba de sus amarguras a esas “voluntades absurdas” que le impedían trabajar en el país. “Ya estoy demasiado hastiado de todo. Es demasiada persecución, son 25 años de persecución”, afirmaba.
“Cuando no es un gobierno, es el otro y como todos los gobiernos se han aburrido de mi, a mi vez yo me aburro de los gobierno”, dijo Del Carril, que pese a todo afirmaba: “De todas maneras soy peronista”.
Pero los problemas políticos de Del Carril no habían empezado con los gobiernos militares, sino dentro del mismo gobierno peronista, cuando el subsecretario de Difusión y Prensa Raúl Alejandro Apold prohibió su película El río oscuro, basada en la novela del militante comunista Alfredo Varela.
Del Carril se había ganado la enemistad de Apold tras negarse a cantar en un acto. Luego Apold lo acusó de cantar en Uruguay el día de la muerte de Eva Perón y como consecuencia de ello Artistas Argentinos Asociados le rescindió el contrato.
La Revolución Libertadora que derrocó a Perón y llevó a Del Carril a la Penitenciaría Nacional. Sus películas se prohibieron. Un año más tarde fue detenido una vez más.
En 1975 filmó su última película, Yo maté a Facundo y luego, con la llegada de la dictadura militar, volvió a ser prohibido.
“Yo ya no les voy a dar mucho trabajo a los gobiernos, pero los gobiernos tampoco me va a dar muchos dolores de cabeza a mí. Mi propósito es irme del país y no se si para siempre. Y como ‘al enemigo que huye, puente de plata’, espero no tener obstáculos para cumplir ese objetivo”, explicaba Del Carril en aquel enero de 1981.
El cantante y actor quería radicarse en Colombia. “Lo vivido hace poco tiempo allí en un homenaje a Carlos Gardel, me revitalizó bastante, porque me hizo sentir otra vez en mi medio, sin oposiciones de ninguna naturaleza, tuve un buen recibimiento y me encontré con un ambiente mucho más favorable para el tango que aquí. Lo que no es raro porque desde hace muchos años la gente allí es muy afecta al tango”, señalaba.
Pero tal vez aquel verano de 1981 fue uno de sus últimos años de gran actividad. En 1985 recibió el Premio Konex y en 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.
En 1988 sufrió un infarto de miocardio y luego de recuperarse le realizaron un homenaje el Luna Park. Falleció el 13 de agosto de 1989.

Artículo publicado en el Suple Finde de Ecos Diarios
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20 de julio de 2015

Juan Jose Flores

El Puente Colgante, 46 años de gestión

Puente Colgante de Necochea
Mientras el martes se celebrará el 86º aniversario de la inauguración del Puente Colgante, el próximo 6 de agosto se conmemorarán los 90 años del inicio de la construcción.
El inicio de la obra durante el gobierno del gobernador José Luis Cantilo fue todo un suceso para Necochea, ya que el puente era anhelado por los vecinos desde la época de la fundación de la ciudad.



Fue precisamente dos años después de la creación de la ciudad, en 1883, cuando se aprobó la ley 1.675, mediante la cual se asignaban fondos destinados a la construcción de un puente sobre el río Quequén Grande.
No obstante, el proyecto cayó en el olvido y no fue hasta 1909 cuando se aprobó una nueva ley, la 3.156, mediante la que se destinaron 150.000 pesos moneda nacional a darle nuevo impulso al proyecto.
Dos años más tarde, en 1911, se aprobó la ley 3.323 que disponía que se cubrieran con rentas generales los gastos que demandara la construcción.
Pese a ello, la obra tampoco prosperó y en 1916, mediante la ley 3.651, se autorizó al Poder Ejecutivo introducir las modificaciones y ampliaciones proyectadas en las obras del puente.
Mientras la burocracia demoraba el inicio de la construcción, en nuestra ciudad surgían problemas respecto a la futura obra, por lo que en 1922, a través de la ley 3.717, se autorizó al Poder Ejecutivo a someter a árbitros las diferencias.
Aunque el inicio de la obra continuaba demorándose, se seguían destinando fondos para la construcción. En 1923 (ley 3.783) se amplió la partida como parte de los fondos para reparaciones y construcciones de puentes y caminos por la suma de 500.000 $mn y en 1924 (ley 3.817) se otorgó 1.500.000 pesos.
Un año más tarde, el 6 de agosto de 1925, finalmente comenzó la obra que se extendió hasta el 21 de julio de 1929.
El puente fue finalizado durante el gobierno de Valentín Vergara al frente de la provincia y del comisionado local Joaquín Martínez Sosa.
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6 de julio de 2015

Juan Jose Flores

Necochea, la Perla del Sud y sus viejos hoteles

Históricos hoteles de Necochea
A fines de 1929 el Ferrocarril Sud publicó una guía de los “balnearios del sud” en la que se detallaban los servicios turísticos ofrecidos por Mar del Plata, Miramar, Necochea y Quequén.
La publicación definía a nuestra ciudad como “balneario de espléndidos paisajes con soberbia playa y pintorescos rincones”.
“Sorprende agradablemente al visitantes que llega por vez primera a Necochea, su aspecto de vitalidad comercial. Es, en todo, una espléndida ciudad balneario”, señala el elogioso artículo.
“Muchos de los aspectos que seducen a la vista, se deben principalmente a las plantaciones de árboles hechas hace muchos años con criterio previsor, digno de encomio”, agrega la nota, que también elogia la plaza Dardo Rocha, a la que considera “orgullo de la provincia”.



Describe aquella antigua guía una ciudad que ya no existe. Precisa que de la plaza partía la avenida Alsina (hoy 59), “guarnecida de frondosos árboles, doble hilera de eucaliptos gigantescos, cuyas ramas se unen en lo alto formando una bóveda caprichosa y singularmente pintoresca”.
“Idénticas al boulevard Alsina hay en Necochea, otras dos avenidas. Sus árboles, en línea quebrada, se pierden a lo lejos, más allá del radio de visión. Son ejemplares maravillosos de eucaliptos, que tienen, aproximadamente, medio siglo de existencia”, precisa el artículo escrito hace 86 años.
Por otra parte, describe a Necochea como una ciudad de edificación variada, “de opulentas expresiones y puros estilos. Abunda el chalet holandés, el ‘nordisko’, la mansión de tres pisos, severa de líneas y de imponente aspecto”.
Describe también una escenografía salvaje, hoy ya inexistente: “En el deslinde de Necochea y Quequén el viajero domina, desde el punto donde cruza la balsa el río Quequén, un paisaje que atrae, lleno de perspectiva y de color”.
“El terreno sube en pendientes, se hunde después en caprichosas barrancas, vuelve a elevarse, muerte en un llano, junto al río, de aguas claras… y en las colinas verdes, húmedas al amanecer, apaisadas en el crepúsculo, se ven blanquear las casitas humildes que se cierran en largo cinturón alrededor del Necochea elegante y aristocrático”.
Por lo demás, precisa la guía, “Necochea brinda una playa grandiosa y es una ciudad sin reservas, considerada como la ‘perla del Sur’, para usar la gráfica frase del prestigioso pedagogo y escritor Víctor Mercante, quien dedicó varios artículos publicados en el diario La Prensa”.
Mercader definía a Necochea como una “localidad de extraordinario porvenir y de abundantes bellezas”.

La vieja hotelería
Por otra parte, entre líneas, en aquella guía se pueden leer detalles que hoy son parte de la historia de la ciudad o que han quedado en el olvido, como una lista de hoteles con sus correspondientes propietarios y detalles de sus servicios. Las publicidades también aportan datos interesantes.
Según aquella antigua publicación, en la ciudad funcionaban trece hoteles.
Sobre la playa se encontraba el Hotel Necochea, propiedad de Luis Valicelli. En el balneario también funcionaba el Hotel París, que era de Fermín Roqués.
Además, el Hotel Playa, de Javier Chanois y el Royal, de Eduardo Grilli.
Frente a la rambla se encontraba el Hotel Atlántico, de Dionisio Baldizzone.
Una publicidad promocionaba a este último hotel como “confortable establecimiento recientemente construido, ideal para familias”.
El edificio se encontraba frente a cien metro de la playa, frente a la rambla. Contaba con 100 habitaciones y “amplios departamentos completamente independientes de dos habitaciones y cuarto de baño con instalación de agua caliente y fría”.
Además contaba con una orquesta permanente, salón de fiestas, bar, billares y otras distracciones.
En el centro de la ciudad se encontraba el Hotel Vasconia, de Fermín Galparsoro, ubicado en avenida Alsina y Sadi Carnot (hoy 59 y 66).
El Liverpool Hotel, de Fernández y Faydella, se encontraba ubicado fen avenida Alsina y 25 de mayo.
El Gran Hotel, de Ramón Galparsoro, se encontraba ubicado en Alsina y Gonzales Chaves, mientras que el Gran Hotel España, propiedad de Zubillaga y Zubigaray, se hallaba en Gonzales Chaves.
El Hotel Progreso, de Avend Averhopf, se encontraba en Belgrano y Moreno y La Aurora, de Eliseo López, frente a la Estación de Trenes.

Quequén
La guía también dedicaba un pequeño espacio a Quequén. Señalaba que “a pocas cuadras de Necochea se encuentra la hermosa playa de Quequén, de bellísimas perspectivas y preferida por las familias que anhelan sustraerse a todo fárrago social y ‘hacer vacaciones eminentemente reparadoras’”.
“Concurren a Quequén infinidad de criaturas que se solazan en una playa inmensa y sin peligro”, señalaba el artículo. “Está junto al Puerto Quequén, rodeada de chalets que se arrienda por temporada a precios sumamente económicos”.
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28 de junio de 2015

Juan Jose Flores

La Escuela de Enfermería Manuela Joglar

Escuela de Enfermería Manuela Joglar de Necochea
Se iniciaba el 14 de abril de 1975 en el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra”, el primer curso regular de la Escuela Municipal de Enfermería, creado por impulso del director del nosocomio, el doctor Héctor Roqués.
Un año después, el 24 de abril de 1976, en el Teatro Municipal se realizaba la ceremonia de graduación de las primeras 14 auxiliares de enfermería egresadas del nuevo establecimiento de capacitación sanitaria.
Este curso tenía como objetivo formar auxiliares de enfermería y años más tarde daría paso a la creación de la Escuela de Enfermería Profesional “Manuela Joglar”.



Las primeras egresadas como auxiliares de enfermería fueron: Olga Noemí Blanco, Norma Tapia de Cabrelli, María del Carmen Cepeda, Ana Alicia Correa, Irma Molvert de Del Hoyo, Odilia Elina Dietrichs, Elba Gratia de Eugenio, Graciela González, Luis Palma de Iriarte, Delia Martínez de Alvarez, María Cristina Peralta, Ana María Penzo de Rodríguez, María Severinsen de Sola, Elida Toledo y Julia Vázquez.

Un día para recordar
Según una publicación de la época, “el acto contó con la presencia de autoridades municipales, profesores, familiares de las graduadas y numeroso público, caracterizándose por su emotivo desarrollo”.
El director del curso, el doctor Roqués y la secretaria de Bienestar Social de la comuna, Rosa S. Sarries, hablaron durante la ceremonia.
Luego de que Karen Wall, enfermera jefe del curso tomó el juramento de práctica, se hizo entrega de distinciones a las alumnas más destacadas del curso.
El intendente Edgardo Hugo Yelpo entregó el premio “Hospital Municipal Dr. Emilio Ferreyra” para el más alto promedio general (9,65), a la señorita Julia Vázquez.
Francisco Ferrari puso en manos de Elida Toledo el premio Sindicato de Trabajadores Municipales, instituido para el segundo promedio general (9,62).
En tanto, el doctor Carlos Zubillaga, presidente del Círculo Médico, otorgó el premio donado por esa entidad a las más altas calificaciones en prácticas de enfermería, a la señora Ana María Penzo de Rodríguez (9,87) y Rosa Sarries entregó el premio para el promedio más alto en exámenes a la señorita Julia Vásquez (10).
Las egresadas entregaron presentes florales a Karen Wall y Cristina Otaño, en reconocimiento por su desempeño como enfermera jefe y secretaria del curso, respectivamente.
Luego, la señora Delia Alvarez de Martínez habló en nombre de sus compañeras de curso y finalmente se entregaron los diplomas a las flamantes auxiliares de enfermería.

Más egresadas
En abril de 1979, según un artículo publicado en Ecos Diarios, egresó un nuevo grupo de auxiliares de enfermería.
Asistieron a la ceremonia de promoción, el director de Salud, Alberto Touyás, la inspectora de la escuela de Técnicos de La Plata, María Esther Cebrián de Huergo; el director del Hospital Municipal, Enrique Roqués y la coordinadora del grupo de enfermeras, Karen Boesen Mortensen de Wall.
De ese curso egresaron Martha Berry, Silvia Brahe, Florinda Conforti, Analía Corbalán, Elvira Coria, Mónica Culós, Teresa N. Elizalde, María Etcheverry, Celia Etulain, María Gamarp, Susana García, Marta Garzzoni, Micaela Gesualdi, Nélida Gómez, Lydia González, María Macías, Elvecia Mazza, Norma Perpetto, Lilia Raúl, Miryam Reynoso, Claudia Rodríguez, Mirta Rodríguez, Genoveva Tortosa, Sara Torres y Susana Velazco.
Luego de la realización del juramento de práctica, denominado “Juramento de Florence Nightingale”, pronunciado por todas las integrantes del curso, se procedió a la entrega de premios y diplomas.
Elvecia María Mazza recibió el premio Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” por el mejor promedio general de 93,92 por ciento y el premio Círculo Médico de Necochea por el mejor promedio en actividades prácticas de 100 por ciento.
En tanto, Susana Avelina Velazco recibió el premio coordinadora del curso por el segundo promedio general de 91,72 por ciento y el premio Clínica Regional por el mejor promedio en teoría de 92,50 por ciento.

Manuela Joglar
Dos años después, el 3 de agosto de 1981, quedaba inaugurada la Escuela de Enfermería Profesional “Manuela Joglar”.
La institución surgió durante la gestión como director de Salud de la comuna del doctor Alberto Touyá. Dependía de la Escuela Superior de Sanidad del Ministerio de Salud provincial y mediante un convenio con el municipio.
Aunque se inauguró cuando se desempeñaba como director de Salud el doctor Oscar Giménez.
Este médico explicó en su momento que uno de los temas que preocupó a las autoridades fue el nombre que le sería impuesto a la escuela, ya que todas las de su tipo tenían el de una enfermera famosa por sus antecedentes y trayectoria.
Fue así que se recordó el trabajo de la señorita Manuela Joglar, quien desempeñó su tarea en el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” desde el año 1943 hasta su muerte, el 24 de diciembre de 1969.
Su trayectoria fue brillante por su laboriosidad y su grandeza de espíritu, además de su afecto por los indigentes.

Trayectoria
Desde 1981 en la Escuela de Enfermería se dictaron los cursos de auxiliares en enfermería y la carrera de enfermería profesional que permitieron a los establecimientos de salud de la zona contar con personal capacitado.
En 1990, luego de gestiones del doctor Julio Municoy, se empezó a dictar la carrera de enfermería profesional a nivel terciario, de dos años y medio de duración. La misma se dictó hasta 1995 y egresaron 27 enfermeros.
Tras permanecer un año cerrada, la escuela se reabrió en 1997 durante la administración de Municoy y la tutela del entonces director de Salud, Juan Alfonso Ruiz.

Artículo publicado en Ecos Diarios
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27 de junio de 2015

Juan Jose Flores

Misión Necochea, una idea insuperable

Misión Necochea
En la tarde del martes 15 de noviembre de 1977, desde el centro de la ciudad, partía la “Misión Necochea” para cumplir con una extensa gira promocional por catorce provincias argentinas. Esta iniciativa, impulsada por un grupo de empresarios locales, es aún recordada por su originalidad y el gran impacto que tuvo en el turismo local en los años siguientes.
El ómnibus que transportaba gran cantidad de material promocional, un equipo técnico de radio, varias promotoras, periodistas de medios locales e integrantes de la comisión impulsora de la misión, partió a las 17, desde la Gran Galería Central y se detuvo frente a Ecos Diarios, para luego dirigirse hacia la ciudad de Tres Arroyos.



En esa ciudad, Luis Nuñez y Vicente Mola, dos de los empresarios que idearon la misión, fueron recibidos por el director del diario La Voz del Pueblo, Antonio Maciel y por funcionarios municipales.
En esa ciudad se proyectó por primera vez el audiovisual sobre las virtudes turísticas de nuestra ciudad.

Primera misión
“La idea fue de Adolfo García”, explicó a Ecos Diarios el empresario Isidoro Galilea, que el jueves pasado cumplió 86 años y aún recuerda con satisfacción los logros de la Misión Necochea.
No sólo cree que las dos misiones promocionales realizadas en los años 1977 y 1978 fueron un importante aporte al turismo local, también destaca el éxito del grupo en lograr que en nuestra ciudad se instalara el Liceo Naval Militar.
Galilea explicó que García, que había vivido en Necochea y en ese momento era responsable de la empresa de transporte de larga distancia La Estrella, fue quien se propuso reunir a un grupo de empresarios locales para promocionar a la ciudad.
García reunió a los empresarios Vicente Mola, Pedro Quarterolo, Mario Ardanaz, Oscar Ghersi, Isidoro Galilea y al ingeniero Luis Núñez.
El grupo planificó la misión, que se proponía promocionar nuestras playas antes del verano a partir de visitas a las principales ciudades del país, reuniones con gobernadores, intendentes, entrevistas en radios, canales de televisión y diarios, entrega de folletería y proyección de un audiovisual sobre Necochea.
Tras su paso por Tres Arroyos, la primera misión visitó Bahía Blanca. El viernes 18, el audiovisual se proyectó en la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1, en el Colegio Nacional y en el Colegio “Domingo Savio” de la ciudad de General Roca.
Mientras las promotoras entregaban folletería en esa ciudad rionegrina, Adolfo García y Mario Ardanaz se dirigieron a Neuquén, donde se entrevistaron con autoridades gubernamentales y mantuvieron entrevistas varios medios.
El ingeniero Núñez, en diálogo con Ecos Diarios, manifestó el sábado 19 de noviembre: “Sin dudas, esta primera etapa ha sido altamente positiva. El más claro ejemplo de ello lo constituye el beneplácito general con que el ámbito oficial y empresario elogió la iniciativa de la comunidad de Necochea, asignándole un rol de ejemplo nacional”.
La misión prosiguió por Villa Regina y Cipolletti, pero cuando concluía su segunda etapa, se produjo en San Juan un sismo que dejó 64 muertos, 250 heridos y unos 10.000 sin techo, lo que obligó a postergar la visita a esa provincia.
Pero días después, con el fin de encabezar la campaña en las provincias de Mendoza, San Luis y La Rioja, viajaron hacia San Rafael, Isidoro Galilea y Oscar Ghersi, quienes relevaron a Pedro Quarterolo, que tuviera a su cargo la dirección de la misión en su recorrido por toda la provincia de La Pampa.
El 10 de diciembre de 1977, la misión llegó hasta Tucumán. Dos días después estuvieron en Salta y más tarde en Santiago del Estero. Mientras tanto, en nuestra ciudad ya se comenzaba a proyectar el recibimiento, que coincidiría con la inauguración de la temporada.
Antes de regresar, el grupo visitó Rosario y luego llegó hasta La Plata, donde fue recibida por el entonces gobernador, general Ibérico Saint Jean. “Esta es una brillante iniciativa”, manifestó el jefe del gobierno bonaerense.
Finalmente, el 21 de diciembre de 1977, durante la inauguración de la temporada, arribó a la ciudad la Misión Necochea, tras 40 días y 14 provincias recorridas.

La segunda
El 23 de noviembre de 1978 partió la segunda misión. En esa oportunidad, la misión fue encabezada por el director de Turismo, Roberto Satej. Por Radio Necochea viajaban Héctor Nicolás Fulton, Julio Antonio Batista (técnico) y Raúl Oscar Olivera; por Ecos Diarios César Rubén Lisa y Alejandro Javier Bustos (fotógrafo). Como encargados de la proyección del audiovisual fueron Juan Pedro Serrano y Miguel Raúl Deis y como guías turísticas las jóvenes: Silvia Noemí Said, Ofelia Reneé González, María Mabel Vasconcelo y Mónica Adriana Giménez.
En ese segundo viaje se visitaron Tres Arroyos, Bahía Blanca, Punta Alta, Puerto Belgrano, Villa Regina, General Roca, Allen, Cipolletti, Neuquén, San Rafael, Mendoza, San Juan, Caucete, San Luis, Paraná, Resistencia, Corrientes, Paso de la Patria, Itatí, Posadas y San Ignacio. También ciudades de países limítrofes como Encarnación, Uruguayana y Salto.
La misión finalizó en la Capital Federal y volvió a Necochea para el 21 de diciembre.
“Considero que las dos misiones dieron muy buenos resultados”, manifestó Galilea, quien se siente satisfecho por el logro de aquella comisión de empresarios que “ni siquiera tenía personería jurídica”.

El Liceo
Aunque para Galilea el mayor éxito del grupo fue lograr que se instalara en nuestra ciudad el Liceo Naval Militar.
Tras innumerables viajes y reuniones, el 9 de febrero de 1981 se inauguró el Liceo Naval Militar “Carlos María Moyano”, haciendo realidad un viejo anhelo de los vecinos de la ciudad.
Fue otra idea de Adolfo García, quien impulsó al grupo a llevar adelante un proyecto que parecía imposible y que comenzó a tomar forma con la designación del almirante Armando Lambruschini al frente de la Armada.
El jefe de la fuerza les explicó a los miembros de la Misión Necochea que el proyecto sólo podía tener buen fin si se conseguía el edificio para el liceo.
Los miembros del grupo iniciaron gestiones para utilizar las dependencias de Vialidad provincial y contaron con el apoyo del gobernador Saint Jean.
Finalmente, el 27 de junio de 1980, durante un acto desarrollado en la Ciudad de Buenos Aires, el comandante de la Armada, almirante Armando Lambruschini y el gobernador bonaerense de facto, general Ibérico Saint Jean, firmaban el convenio para la puesta en marcha en nuestra ciudad del Liceo Naval Militar.
La ceremonia se realizó en el edificio Libertad, sede del Comando en Jefe de la Armada Argentina y contó con la presencia del intendente Alberto Percario e integrantes de la Misión Necochea, además de autoridades militares.
Galilea señala que a pesar de las connotaciones políticas que el Liceo puede tener en la actualidad, le apena que se haya cerrado, porque “daba trabajo a unas 120 personas de nuestra ciudad. Era una fábrica”.
Explicó que la instalación del Liceo en la ciudad fue un éxito, porque no sólo generó fuentes de trabajo, sino un gran movimiento comercial y turístico por la llegada de decenas de estudiantes de distintas ciudades de la región y el país. Muchas de esas familias incluso adquirieron propiedades en Necochea y se radicaron aquí.
La gestión para la fundación del liceo aquí, fue el último proyecto llevado adelante por la Misión Necochea, un grupo de empresarios que con su trabajo dio un gran impulso a la ciudad. Una labor que no se ha vuelto a repetir.

Artículo publicado en Ecos Diarios de Necochea
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3 de noviembre de 2014

Juan Jose Flores

La otra Lumb, la Villa de la Salud y la Quequén que no fue

Necochea
Cuando se habla de la historia de nuestro distrito, también se debería recordar aquellos proyectos que sólo quedaron en los papeles. El partido de Necochea pudo haber sido mucho más progresista si tres de estos sueños se hubieran hecho realidad.
Es el caso del pueblo soñado por Alberto Nazarre, primer intendente de la ciudad, el de la localidad de Lumb que quedó un legendario loteo y el del casi imposible proyecto de una ciudad de Quequén tan grande como una capital.




Su propia ciudad
Nazarre fue un poderoso político y empresario local, propietario del primer periódico de la región: El Baluarte. Pero este hombre también quería tener su propia ciudad, así que decidió construirla en las tierras de su estancia “La Susana”, en cercanías de Estación Lumb.
La estancia se encontraba ubicada en lo que hoy es el límite con el partido de San Cayetano.
La idea era que el pueblo se llamara Villa de la Salud y se realizaron los planos de la futura población, sin embargo, aquella idea nunca se llevó adelante y Nazarre ni siquiera llegó a vender los lotes.
Hoy se confunde la ubicación de esa villa con la de Lumb, una localidad que pudo haberse convertido en ciudad, pero que también quedó en los planos.

La otra Lumb
Lumb
Estación Lumb fue inaugurada en 1908, entre las estaciones de Tandil y Defferrari. Tomó su nombre del acaudalado empresario inglés Edward Lumb, que obtuvo la concesión para la construcción de las vías de la Buenos Aires Great Southern Railway Company Limited, aquí denominado Ferrocarril Sud.
Al habilitarse la estación Lumb en el año 1908, se instalaron en sus cercanías una pequeña cantidad de pobladores que estaban relacionados con las tareas agrícolas ganaderas de la zona.
La fundación de la Sociedad Deportiva Dinamarquesa Darnnevirke y del Club Defensores de Lumb dio mayor impulso al caserío.
Con ese impulso, se proyectó crear una ciudad, se trazó un plano de la futura población y se realizó el loteo en un campo ubicado a cierta distancia de la estación.
Si bien los lotes se vendieron, sólo se construyeron algunas casas y el pueblo continuó creciendo al lado de la estación.
La localidad contó desde la década del '40 con una calera, que pertenecía a Enrique Guillamón y que daba empleo a obreros de Lumb y de Juan N. Fernández.
Más o menos por aquella época, un acuerdo político entre el Gobierno nacional y las empresas inglesas que administraban las distintas líneas de ferrocarriles, decidieron el futuro de cientos de estaciones en todo el país.
El 13 de febrero de 1947, el gobierno nacional compró los ferrocarriles ingleses. Una década después, el 4 de noviembre de 1958, se formó el Partido de San Cayetano, con tierra tomadas a los distritos de Tres Arroyos, Gonzales Chaves y Necochea.
Estación Lumb, que había pertenecido a Necochea desde su creación, quedó entonces dividida. De a poco, el pueblo fue desapareciendo.

Quequén gran ciudad
Otra historia de proyectos frustrados es la de Quequén. El 2 de diciembre de 1889, el agrimensor Eugenio Moy presentó los planos de la futura ciudad de Quequén, un faraónico proyecto que preveía el trazado de un ejido urbano que incluía 13 plazas, un parque público, hipódromo y una estación ferroviaria.
La iniciativa era parte del proyecto de la Compañía "Ciudad de Quequén", que pretendía construir una población en la desembocadura del río Quequén.
Según una nota presentada por el representante legal de la firma, Alfredo Meabe, al ejecutivo provincial el 19 de julio de 1889, el objetivo de empresa era levantar "una gran ciudad y puerto" que contara con "todas las comodidades necesarias tales como la pavimentación, iluminación, mercados, una red completa de tranways, aguas corrientes y teléfono".
La compañía tenía como presidente a Hugo A. Bunge y su principal accionista era Manuel J. Guerrico, propietario de las tierras donde se efectuaría la urbanización.
La idea era crear una verdadera capital en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, según se desprende de los planos originales.
El sector principal del amanzanado consistía en un damero, orientado a medio rumbo, de 24 por 24 manzanas de 100 metros por 100 metros cada una, separadas por calles de 20 metros. Dos avenidas de mayor ancho dividían este sector en cuatro secciones o cuarteles, cada uno de ellos recorrido por dos diagonales que se cruzaban en una plaza hexagonal.
La ciudad proyectada tenía además una plaza central formada por cuatro manzanas, cuatro plazas menores, de una manzana, en los vértices de la cuadrícula, y otras cuatro romboidales en las medianas del perímetro.
Pero esto era sólo el sector principal del ejido urbano de la ciudad imaginada por Moy. El amanzanado se prolongaba hasta llegar a la margen del río, formando otras dos secciones, una de ellas de forma irregular, con 24 por 10 manzanas en su mayor extensión y la restante formada por dos triángulos, uno compuesto por unas 100 manzanas y otro de diseño pintoresquista.
La ciudad estaba rodeada de quintas de dos hectáreas y también una zona de chacras de cuatro y ocho hectáreas.
La zona medanosa de la costa, entre el ejido y las playas, se reservaba como parque público y se preveían los terrenos para el emplazamiento del hipódromo, en la esquina este del ejido, y de la estación ferroviaria, dentro del amanzanado.
El Departamento de Ingenieros no presentó objeciones al proyecto, que fue aprobado por el gobierno de la Provincia el 2 de junio de 1890.
Sin embargo, debido a las dificultades económicas de la compañía “Ciudad de Quequén”, el ambicioso proyecto no llegó a concretarse. Sólo se respetó la parte del plano más próxima al río.

Artículo que escribí para el Suple Finde de Ecos Diarios de Necochea
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